—¡¿Grecia?! ¿Eres mi Grecia? —exclamó de pronto al romper el abrazo, acunó su rostro, la observó con atención, su rostro era tan parecido a su patito, pero sus cabellos oscuros y lacios, ¿era ella o no? La mente de Egan se volvió confusa, se alejó atormentado; tosió, estaba mal. Grecia lo notó, le dio su copa. Él la tomó, bebió de un solo sorbo todo el vino. —¿Estás tratando de tenderme una trampa? ¿Eres o no Catalina Palmeri? Ella negó. —Soy Grecia Catalina Palmeri, soy tu esposa, la mujer que te amó y aún te ama —sentenció. En la boda. Román estaba despidiéndose de todos, ya debían irse, un mesero le dio una copa. —Señor, una copa de champán. Román decidió beber la copa, después de todo estaba exhausto, y previó que vendría lo peor. Mario Molina se acercó a él. —Felicidades, R

