—¿De nuevo Egan está detrás de ti? —exclamó Jacques—. ¿Te das cuenta? Él solo quiere conquistarte, ¡es porque quiere robar lo que es mío! Grecia rodó los ojos con fastidio. «Hombrecillo patético que eres, Jacques, como si a Egan le importaras, tú eres el obsesionado con mi marido, das tanta vergüenza», pensó —¿De nuevo con tus celos absurdos, Jacques? Eres tan inseguro, no eres como Egan, él no es nada celoso, tal vez es que es muy seguro de sí mismo, aprende de él, porque Egan no se siente inferior a ti. —¿Y por qué debería él estar celoso? Hasta donde yo sé no tiene miedo de que su novia lo engañe, su esposa está muerta. Grecia sonrió. —Claro, pero, me contó sobre su vida con mi prima, y él me contó que nunca padecieron de celos, ella confiaba en él, y no lo dudo, Egan era el ho

