—Déjame explicarte, Emmanuel —dijo Román Emmanuel lo soltó, nunca fue un hombre que arreglara todo a golpes, era sensato desde niño. —¿No crees que es a mi hermana a la que tienes que explicarle esto? —Ella y yo lo aclararemos todo, pero necesito hablar contigo, ahora mismo. Fueron al despacho. Román estaba ansioso, lo miró a los ojos. —Hace un tiempo, hubo algo entre Irene y yo, estaba en mi peor momento, pero no es un pretexto, fui un hombre cruel con ella, prometí que algún día nos casaríamos, que mi matrimonio con Nía era solo una venganza. —¿Una venganza? —exclamó Emmanuel —Siéntate, Emmanuel, hay cosas que debes saber. Emmanuel le miró con intriga, tomó asiento para escucharlo. La fiesta acabó, Grecia tuvo que irse del brazo de Jacques, al llegar a casa, él quiso entrar.

