[Cap. 1]

1755 Words
En el gran reino de Asgard se celebraba con regocijo el nacimiento de un pequeña niña de cabellos rubios, no había quién en el reino que estuviera celebrando la llegada de la princesa de Asgard. En el gran salón del palacio se encontraba el rey Odín junto a su esposa la reina Frigga que en brazos tenía a la hermosa bebé y a sus lados estaban los hijos de Odín, más conocidos como los príncipes de Asgard. —Agradezco a todos por estar aquí hoy y celebrar la llegada de nuestra querida hija y su princesa, —dijo el monarca del reino ante todos los presentes— espero que disfruten nuestra celebración. Todos los invitados empezaron a celebrar, mientras los reyes acompañados de sus hijos caminaban por todo el salón recibiendo elogios por la dulce bebé que Frigga tenía en brazos, era de esperarse que todos querían ver a la menor, y a lo mejor hacer alianza con algún reino mediante un matrimonio arreglado, aunque Odín no lo permitiría. Pasearon por todo el salón hasta que uno de los guardias llegó hasta los reyes dando una reverencia a modo de respeto, pero la seriedad en su rostro alertó a los monarcas. —Rey Odín, las Nornas [1] desean hablar con usted. —al mencionar el nombre de tales seres, la reina se quedó congelada, no muchas veces ellas traían buenas noticias. —Enseguida voy —habló el rey de forma determinada, al escuchar sus nombres. —Dicen que vaya con su hija la princesa Syriana. Los reyes se miraron un rato confundidos y con una disculpa hacia sus invitados, y mandando a sus hijos a pasear por el lugar, salieron del salón para luego dirigirse a uno de los salones que estaban casi al final del pasillo; Frigga entregó a la bebé a Odín, que con suma delicadeza la acunó entre sus brazos, dos guardias abrieron la puerta del salón y el rey con paso firme entró a la habitación. Lo primero que vió el rey al entrar aquella habitación fue absolutamente nada, todo estaba completamente vacío, ningún mueble, ninguna decoración, incluso las paredes se encontraban en blanco. Hasta que de repente salió del espejismo un árbol en medio de la habitación con un símbolo de tres triángulos unidos, sentadas cada uno en un tronco se encontraban las Nornas, Urðr "lo que ha ocurrido", Verðandi "lo que está ocurriendo" y Skuld "lo que debería suceder" —Felicidades por tu hija rey Odín —habló Urðr al ver a la pequeña en brazos de su padre, él al notar la mirada en su hija, la acercó más a su pecho. —Gracias Urðr, —dijo con sumo cuidado, sin querer ofender a una de sus aliadas. — discúlpenme pero, ¿Para qué han solicitado mi presencia? —Queríamos verla a ella ¿O es que acaso no querías traerla hacia nosotras? —Yo nunca dije eso. —Pero lo pensante —comentó Verðandi — Aunque querías traerla al igual que sus hermanos. —Un día después de la ceremonia en donde reconocían a mi hija, y así a sido durante generaciones, no se cuál habrá sido el motivo para que debían llamar ahora. —explicó con clara confusión al ver a las tres reunidas ahí. —Tu hija... Nos ha llamado mucho la atención ya que Skuld no a podido ver mucho el futuro de tu hija.— dijo una de ellas señalando a la Norna. —¿Qué es lo que quieren decir? —A diferencia de tus hijos —habló esta vez Verðandi— ella tiene un camino demasiado que recorrer ya que Urðr solo ha podido sacar profecías de la vida de tu hija, mientras que Skuld no puede ver absolutamente nada —Entonces cuéntame esas profecías para saber qué es lo que está destinada mi hija —¿Urðr ? —preguntó Verðandi a su compañera para que prosiguiera a decirle la profecía —A tu padre se le predijo que una vez una diosa de su sangre, de cabellos dorados, ojos azules como el mar y labios cual carmín sería perdición para uno de los dioses más temidos del universo, capaz de derrotarlo no sólo con belleza si no también con su inteligencia.—A medida que la Norna hablaba, el ceño de Odín comenzaba a profundizar— Aquella mujer tendrá las habilidades que cualquier mortal o inmortal quiera robarlas —¿Suponen que aquella mujer es mi hija? —Exacto, rey Odín, ya que es la única que comparte la sangre de tu padre. —¿Mi hija está destinada a una guerra? —preguntó con escepticismo ante tal revelación. Las tres asintieron dejando pensativo al padre de todos quien miraba a su hija que estaba en sus brazos en donde se podía ver sus hermosos ojos azules. —¿Hay algo más? —preguntó finalmente al ver que debía tomar una decisión de su hija respecto a su futuro. —No dejes a tu hija sola. Y con esas últimas palabras salió de la habitación, afuera de esta su esposa estaba con una mirada seria, que cuando vio a su esposo mostró una cara preocupada. —¿Qué es lo que te han dicho? —Nuestra hija será partícipe de una guerra. Quedaron en silencio un momento, mientras que Odín jugaba con las manitas de la pequeña bebé que tenía en brazos, la bebé se mostraba un poco inquieta ante la visita de las Nornas. —Debes prepararla al igual que Thor y Loki. —No, sus hermanos deben protegerla. —¿No te das cuenta? Si va a participar en una guerra por lo menos debe aprender las reglas básicas de una pelea. —Pero es solo una niña... —Y con más razón deberías entrenarla —se cruzó de brazos al ver que su esposo no quería ceder ante tal idea— Al igual que yo lo haré con la magia. —De acuerdo, pero quiero que mi hija disfrute más de su tiempo libre. —Y lo harán, ahora mejor disfrutemos la fiesta en honor a tu hija. Odín asintió y aún con Syriana en brazos volvieron al salón, sin decirle la última advertencia de las Nornas a Frigga, sabiendo que en Asgard estaría a salvo. La fiesta pasó entre felicitaciones a los padres por tener una hija hermosa; la bebé empezó a bostezar llamando la atención de su padre que admiraba su belleza desde los brazos de su madre. —Necesita ir a dormir —habló Frigga— La llevaré hasta su habitación para que pueda descansar —De acuerdo, mientras tanto yo veré como están mis hijos. —Eso si no los pierdes de vista. El rey confundido al escuchar esas palabras de su esposa, buscó a su lado a sus hijos y se dio cuenta que no estaban, al darse cuenta de esto soltó una gran carcajada que fue escuchada por todos sus invitados. La reina Frigga dejó durmiendo en la habitación a su única hija, deseándole un buen sueño; ya al ver a la bebé dormida salió de aquel dormitorio para dirigirse donde su esposo que se encontraba tomando hidromiel con algunos reyes de diferentes reinos. Pasaron solo treinta minutos cuando escuchó el grito de una mujer por los pasillos donde se encontraban las alcobas de los príncipes, los reyes al escuchar el grito lo primero que pensaron era en su hija. Salieron corriendo hacia la alcoba, en el momento que llegaron se quedaron anonadados con la escena que se mostraba, las puertas doradas de la habitación de la princesa estaban destrozadas, la primera en entrar fue la reina Frigga buscando desesperada a su bebé; al casi punto de caer en la desesperación pudo escuchar los llantos de Syriana, alzó su mirada y se encontró con una sombra llevando a la pequeña en brazos. —¡ATRAPEN A ESE CRIMINAL! Gritó el padre de todos haciendo que su orden se escuchara por todo el reino de Asgard, los guardias corrieron tras de él mientras que los invitados, siendo amigos del rey, ayudaron con la búsqueda de su hija. La reina Frigga cayó de rodillas sollozando por la pérdida de su amada hija, su esposo se acercó a ella y la abrazó fuerte dándole a entender que estaba con ella en su dolor. —La vamos a encontrar — intentó consolarla— Te juro que la vamos a encontrar y vamos hacer pagar al maldito que nos a quitado a nuestra hija. —¿Y—Y si no la encontramos? —la reina con sumo esfuerzo intentó dejar de llorar pero al recordar que alguien le había quitado a su niña le daban unos pequeños ataques de ira y frustración por no evitar que se la llevaran. —¿Perdiste la fe mi querida Frigga? Yo me casé con una mujer fuerte y decidida, ¿Dónde está aquella mujer? —Se fue al momento que se llevaron a mi hija. —Y yo digo que está aquí conmigo, ella será aquella mujer fuerte que conocí y no por mi sino por sus hijos ¿Entendido? Ella asintió decidida a recuperar a su hija; con un beso depositado en su frente se levantaron y caminaron hacia las sirvientas que atendieron con rapidez a la reina para después llevarla a su alcoba a descansar. Odín con toda la furia que tenia se fue hasta su trono en donde se encontraban casi la mayoría de sus invitados y todos los guardias del reino. —¿Qué pasó? —preguntó uno de los invitados —Han secuestrado a mi hija —todos enmudecieron al oír lo que ocurrido— Mis guardias y algunos de mis amigos están tras él. —¿En qué podemos ayudar? —preguntó otra persona en la sala. —Que si llegan a encontrar a mi hija en cualquiera de sus tierras dar orden de captura a aquel criminal y que traigan viva a mi hija. Todos asintieron y salieron de aquel lugar para seguir con la búsqueda de la pequeña princesa. El rey Odín, con su caballo, cabalgó a gran velocidad  hacia el puente arcoiris, dentro de la cúpula dorada le espera el guardián del portal, quien lo esperaba con la cabeza gacha.  —Heimdall —saludó el rey con seriedad. —Mi rey —hizo una reverencia— Lo siento por su hija. —¿Puedes ver algo de ella? —él asintió, puesto que con ojos podía ver más allá de cualquier dios asgardiano. —Están huyendo hacia el bosque, a lo más profundo... —los ojos de Heimdall comenzaron a brillar de un dorado, que incluso podrías creer que sus ojos eran de oro.—los guerreros y sus los reyes están justo detrás de la persona. —¿Puedes ver el rostro de aquella persona? —quedó en silencio por un momento hasta que volvió hablar. —Lo siento señor, por alguna razón no se me permite ver su rostro —el cuerpo de Heimdall se tensó al ver lo que había ocurrido— No está... —¿Qué pasó? —preguntó con una voz seria. —Ya no están... no... no logro encontrarlas.     [1] Las nornas son seres divinos femeninos encargadas de fijar el destino y sus decisiones resultan irrevocables. En la época escandinava eran tres las principales; Urðr "lo que ha ocurrido", Verðandi "lo que está ocurriendo" y Skuld "lo que debería suceder" estas residen en las raíces de Yggdrasill e hilan el destino de los hombres y en especial, con hilo de oro, el de los héroes.
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