Angelo se sobresaltó al escuchar los golpes a la puerta y el sonar del timbre al mismo tiempo. Caminó hacía la puerta para abrirla y mandar al infierno al loco que estaba molestando, pero jamás esperó ver a Mía parada frente a él envuelta en una toalla y con el rostro desencajado. Lo primero que pasó por su mente fue pensar que quizás tuviese problema con la cañería o en el peor de los casos… —¡Déjame pasar! —gritó Mía, su voz rozaba la histeria, aun así, Angelo se hizo a un lado, no sabía si preguntar o esperar a que ella se decidiera a hablar y no tuvo que esperar mucho antes de escucharla. —Tenemos problemas, ¡serios problemas! —exclamó caminando de un lado a otro en la sala. —¿Problemas? ¿Qué tipo de problemas? —preguntó—. ¿Tienes algún problema con la tubería? Quizás… ¿con la energ

