Angelo se presentó a casa de Mía sobre las nueve de la noche. La conversación con Donovan le había dejado un amargo sabor de boca, pero hizo a un lado sus dudas y pensamientos, esperaba que pronto él pudiera olvidarse de Mía y volver a entablar su relación de amistad sin ninguna sombra sobre ellos; pero respetaría la decisión de Donovan si decidía dejar los laboratorios y dejar de representarlo como su abogado. —¿Angelo? Mía esperaba por él, mas no esperaba verlo con el rostro ligeramente desencajado y rápidamente se sintió preocupada. —Hola, lamento llegar tarde —se disculpó dejando un beso corto sobre los labios de Mía. —No te preocupes, no hemos esperado mucho, volvimos tarde a casa —se apresuró a aclarar y a hacerse un lado para dejarlo pasar. —¿Quieres un vaso con agua o prefiere

