El agua se encontraba en su punto, así que nadé durante una hora, hasta que no tuve fuerzas para más y me quedé flotando durante un largo rato. Después de salir de la piscina me recosté en un camastro, me enrollé en una toalla, cerré los ojos y, cuando menos lo pensé, Kellen apareció frente a mí. —Creí que no estabas —dije con tono acusatorio. —En realidad no, regresé en cuanto te miré por ahí —señaló la cámara y me sonrojé—. Me hubiera encantado verte cómo Dios te trajo al mundo —mi cara seguramente se volvió del mismo color que mi cabello. —Quizá… algún día —farfulle, mientras él solo reía. Me tomó de las manos para que me levantara; en cuanto lo hice, la toalla cayó a mis pies y la ropa que aún traía puesta, no hacía nada por ocultar mis bien proporcionados atributos. Él dio dos pas

