Capitulo 4 : La boda.
Dixie se encuentra en unos de los galpones, clasificando huevos, es un día cálido, junto a ella está Aroma su hermana, siente qué su corazón va estallar en cualquier momento, de cara angelical, cuerpo casi perfecto, lleva un pañuelo en la cabeza, de pronto sus lágrimas aparecen, no puede más, sabe qué su padre no tiene piedad, qué la ha vendido.
Su rostro está sucio, se pasa la mano por la cara, de pronto siente un ruido, es un vehículo qué estaciona, justo frente de uno de los galpones, es Gerónimo qué entra cómo siempre dando órdenes.
—¿ Estás lista, para la boda? —Ordeno Gerónimo.
Dixie, miró a su padre, desafiando lo, lo miro fijo a los ojos y dijo;
—Padre, ni lo sueñes no me pienso casar, con un hombre qué ni siquiera conosco, estoy arta de escuchar tus gritos hacia mi madre.
—¡Prepárate, está noche vendrán por ti, de esta no te salvas!
Gerónimo, subió a su vehículo, a carcajadas.
Dixie corrió al encuentro de su madre, pensaba qué ella la podría salvar.
Pasaron las horas, en la granja no se escucha ni un ruido siquiera, siendo las 20 horas aparecen dos hombres, custodios de aquel hombre rico, Willian, tocaron la puerta, Dixie miró por la ventana, su corazón no daba más de tanto dolor, corrió al encuentro de su hermana Aroma.
—¡No dejes, qué me lleven! —Suplico Dixie.
Lloró sin consuelo por largo tiempo, mientras aquellos hombres esperaban afuera, Dixie volvió a mirar nuevamente, aún estaban esos hombres, pensó " Me tengo qué escapar" Pero era demasiado tarde, apareció Gerónimo de un solo golpe abrió la puerta.
—Dixie, ¿Estás, preparada?
—¡Padre, no iré !
En aquella granja no se escuchaba ni siquiera él sonido de un pájaro, todo quedó en silencio, solo se escuchaba las agujas del reloj.
Gerónimo, espero qué Dixie bajara pero no apareció, ordenó aquellos hombres qué la llevarán.
— Después iré a la boda, se dónde queda — Comentó Gerónimo.
Martina, entristeció al ver a su hija, llorando.
—¡Nuestra hija, no irá!
Gerónimo le da un empujón a su esposa.
—¡No, te entró metas él contrato ya está firmado deberá casarse ahora mismo!
Dixie, prepara un pequeño bolso, con ropa no sabe lo qué le espera, abraza a su madre, se despide de sus dos hermanas, Aroma y Emilia.
—No se despidan, estaremos en la ceremonia de tu hermana.
Dixie, sube al vehículo en la parte de atrás, no conocía la cuidad, vivía en aquella isla desde niña, la esperaba un avión privado perteneciente a Willian, él le mintió a Gerónimo le dijo qué la ceremonia de boda, sería en aquella Isla.
Gerónimo, Martina y sus dos hijas se prepararon para presentarse en la ceremonia, Pero no había nadie, Willian lo habría engañado.
Martina, comenzó a llorar, extrañaba con él alma a su hija.
Volvieron a la granja, Gerónimo cómo siempre comenzó a gritar y tratar muy mal a Martina.
Dixie, ingenua con cara asustada va en él avión privado, llegan a un lugar sofisticado, una mansión hermosa con grandes paredes blancas, junto al mar, lujo y empleadas, se queda mirando, lo bello del lugar, suspira traga saliva, aún no a visto a la cara a Willian, luego aparece Dixie viste de una forma sencilla.
Willian pide a sus empleados, qué le enseñen la mansión, cada habitación y qué ella elija la habitación qué le guste, temblorosa, perdida ella avanza, no sabe si pisa él piso o no, una emoción tremenda se apodera de ella, al mismo tiempo él enojo, disolución, ella tiene lazos de amor, con su madre y hermanas, siente qué las extraña mucho, se acerca hacia ella, Marcela es una empleada muy eficiente, se encarga casi de todo, la lleva a conocer la cocina y un gran salón donde hay pinturas de alto costo, ella se detiene en un rincón, se sienta sobre él sofá, comienza a llorar, no puede más, se escucha su llanto por toda la casa, Marcela le pasa un pañuelo.
—Limpia tú cara, no llores la boda no será hoy sino mañana.
—¡No, me casare! !Quiero ir con mi madre!
—Tu, padre te vendió no lo podrás hacer.
Dixie seca sus lágrimas, su cara enrojecida, sus labios pálidos, Willian la mira con admiración, su belleza lo descontrola, hace qué se sienta feliz, se aproxima hacia ella.
—Hola, ¿Cómo, estás? Mi nombre es William, te ví una sola vez en la isla, y me dije a mi mismo está mujer es para mí.
—¡No te atrevas ni siquiera a mirarme, no te lo mereces! Eres lo peor.
—Te entiendo, lo siento mañana serás mi esposa, vendrán mis ayudantes, lucirás un vestido blanco, con encajes, tu peinado será otro.
—¡No, lo haré!—Acoto, Dixie enojada.
Vendrás conmigo, nos iremos a un lugar hermoso de luna de miel, te gustará.
—¡Ni lo intentes! No me tocaras ni un solo pelo.
Willian parece, no escuchar queda ilusionado, enamorado de ella.
Marcela se acerca a ella.
—Señorita mañana vamos de compras, deberá elegir su vestido de novia, la acompañare.
En la isla Java, se encuentra Martina junto a sus dos hijas, Aroma y Emilia.
Gerónimo, cuenta él dinero qué recibió decide ir otra noche de apuestas, aparece en la granja personas, qué vienen a cobrar la deuda qué tiene con ellos.
Martina los atiende, se acerca hacia la oficina de Gerónimo.
—Son ellos, dile qué pasen.
—Señores, les tengo su dinero, fué facil conseguirlo.
Gerónimo, comenzó a reír con una risa burlesca, les dijo.
—¡No vuelvan, aparecer nunca!
Entro a la granja y con voz de mando, le dijo a sus hijas.
—Deben estar preparadas ustedes son las siguientes, qué pondré a la venta, sus hijas se miraron a la cara, no dijeron ni una sola palabra.
Martina, dijo — Perdimos a nuestra hija para siempre.
En la mansión de Willian, amanecía Dixie en cuanto abrió los ojos comenzó a llorar, las sabanas eran de seda, su ajuar también era de seda fina, alguien golpea a la puerta es Marcela.
—Buenos días Dixie, es hora de irnos, prepárate, tú desayuno está listo.
Dixie, miró la habitación era de color rosado claro, abrió cajones y estaban vacíos, miró hacia afuera por la ventana solo se veía él intenso mar a la orilla de la mansión, se dió un baño, se miró al espejo, su mirada triste, extrañaba mucho a su familia.
Sobre un sofá qué había en la habitación había ropa fina, se la probó le quedó hermosa, bajó las escaleras muy despacio, se hallaba Willian qué todavía vestía su pijama de seda crema, él en cuánto la vió su corazón se aceleró, sentía un sentimiento muy fuerte, de ojos azules oscuros y cara bonita, se acercó hacia ella, a la orilla de la escalera, ella lo rechazó.
—No, me toques llévame a casa de mi madre.
Marcela la invitó a la mesa, ella se asombró sobre la mesa había toda clase de manjares, comidas exquisitas, Dixie trago un poco de té no quiso comer nada.
Willian llamó a su chófer, le pidió qué la llevará, él auto se estacionó justo frente, a un salón de vestidos de novias, entraron al salón.
—¿ Cómo, está señorita? — pregunto aquella diseñadora y vendedora de vestidos.
Dixie no dijo ni una sola palabra, le pidieron qué elija él mejor de los vestidos, ella se quedó en silencio, no aceptaba lo qué estaba pasando.
—Señorita, ¿Se encuentra bien?
Le ofrecieron de beber un poco de líquido, Dixie eligió él vestido más sencillo de sus ojos aparecieron lágrimas, su sueño era poder estudiar una carrera.
Prepararon él vestido en una caja de color blanca, luego pasaron por varias tiendas más, Dixie necesitaba ropa para él viaje de luna de miel, llegaron sobre la mesa estaba preparado la comida para almorzar, Dixie está vez traía mucha hambre, se sentó justo frente a él, antes pidió levantarse para lavarse las manos.
El la miró, con un corazón lleno de amor, y tranquilo, Dixie estaba más bella qué nunca, él se acercó a ella, le dijo unas suaves palabras.
—No temas, no te haré daño.
Willian tomó sus manos, con mucha suavidad y las besó, ella lo volvió a rechazar.
—Está, noche será la boda deberás estar preparada para mí, te compre eres mía, tú padre te vendió.
Dixie solo alcanzó a tragar un solo bocado, comenzó a llorar, su corazón latía fuerte, sus piernas tembladas, ella suplico qué la dejara ir.
—Por favor, déjeme ir se lo pido.
—No te dejare ir, sin antes casarte conmigo.
Dixie, se levantó de la mesa, sufría por la ausencia de su familia.
Siendo las 19 horas, entró la maquilladora, peluquera y comenzaron a prepararla, quedó muy bella.
En la isla Java, no sabían nada de Dixie, él lugar qué ocupaba había quedado vacío, su cama, sus pertenencias.
Martina entró al cuarto qué era de Dixie, comenzó a buscar en su ropa su olor, abrazo una prenda de ropa y comenzó a llorar por su hija.
La boda, a dado comienzo, están todos los invitados esperando en él gran jardín, Dixie de mirada perdida y cara angelical parece un angel vestida de Novia, él la está esperando a dado comienzo la ceremonia, suenan las campanas, Dixie entra del brazo del padre de William, un empresario con mucho talento y éxito.
Los dos ya están casados, William besa a Dixie.