Capitulo 6

1099 Words
Capitulo 6: Él viaje a Dinamarca. Es una mañana, calurosa ha pasado un mes, Willian después de mucho pedir, está por viajar con Dixie. En la habitación de Dixie, él aire acondicionado siguió su curso toda la noche, despertó con una lágrima sobre su rostro, se había hecho eterno sin poder ver a su madre y hermanas, piensa "Desearía, ver a mi madre, poder abrazarla". Se sentó a la orilla de la cama, puso sus pies sobre la alfombra de color gris perla, tenía forma de corazón, sintió él ruido de la puerta, era Marcela, vestía siempre elegante. —Señorita Dixie, él desayuno está listo baje pronto, él señor Willian espera por usted, no olvide qué hoy es él viaje a Dinamarca. —Ahi voy debo darme una ducha antes. Dixie, sintió una corazonada, se sentía cómoda en ese lugar de lujos, podía tener todo lo qué quería menos a su madre y hermanas, mientras se duchaba en vez de cantar derramaba lágrimas, su corazón partido, estaba en un lugar, y al lado de un hombre qué no amaba, se vistió rápido, puso crema sobre su rostro, miró hacia afuera por la ventana, unas gaviotas cruzaban justo en ese momento, afuera quedaba él mar, tan azul cómo él cielo, ella bajó, los escalones sus piernas temblaban, había llegado él momento de viajar, cruzó un amplio salón, cómo siempre se encontraba Willian esperando por ella cómo cada mañana. —¡Buenos días amor! ¡Qué linda estás! Dixie, lo miró con la mirada perdida, su rostro endurecido, no quería saber nada con él. —Mm...Hola —Contesto ella y frunció él seño. —¿Tienes, todo preparado? Partimos está noche, él viaje te va a encantar. Willian, observó su cuerpo delicado con curvas pronunciadas, Dixie enrojeció aún era virgen, se cubrió la parte de arriba, disimulando, sentía un poco de vergüenza, la mirada de él la incomodaba, se sintió nerviosa, su mirada era demasiado. Willian, se sentó junto a ella, le pasó la, fuente con medialunas en ese momento recibió la llamada de su padre. —Hijo, ¿Viajas, está tarde ? Willian, pidió permiso para levantarse de la mesa. —Así, es ¡Qué no piensas, ir al aeropuerto a despedirme! —Tú madre, estará presente, lo siento tengo mucho trabajo atrasado qué terminar. Willian se despide de su padre, da una carcajadas antes de despedirse, se sentó a la mesa, antes acarició él rostro de Dixie. Dixie, se encuentra, en su habitación acomodando, su ropa con ayuda de Marcela, la mujer de confianza de la casa. —Deberías llevar, ropa de verano —Acoto, Marcela. Llegó la hora de viajar, son las 19 horas, afuera los está esperando su chófer, Dixie siente miles de emociones juntas, lo disimula bastante bien, delante de Willian actúa cómo si nada le importará, se comporta caprichosa y fría, en cambio Willian expresa cuánto la ama. Llegan al aeropuerto, los está esperando su madre, junto a una amiga, aún deben esperar un tiempo para partir, su vuelo sale a las 20 y 30 horas de la noche, Willian había reservado lugar en él hotel Hebron, qué queda a cinco minutos de la estación central y jardines, en la cuidad de Dinamarca. Llovía, intensamente mientras esperaban Willian recibió la llamada de su padre, quién le pidió qué se cuidara. —Saluda, a tu chica cualquier cosa me llamas, estaré siempre para ti. Dejo de llover, la espera se hizo larga, Dixie sorprendida, él viaje era exclusivo, Willian la tomó de la mano, ella se dejó llevar por él, por un momento, Willian llevaba un perfume exquisito, Dixie se refugió cerca de él solo por un instante, las horas pasaban él viaje se hacía interminable para Dixie, hasta qué al fin llegaron. Quien los estaba esperando él chófer del hotel, bien vestido de camisa Blanca, pantalón de vestir. Entraron al amplio salón del hotel, Willian pidió dos llaves. —¿Qué habitación prefieres? Dixie pudo apreciar en William él hermoso color de ojos, eran azules intensos, su corazón latía fuerte. —Prefiero la llave número 10, aún no me siento preparada para estar contigo, mis sentimientos no existen para ti. La valija de Dixie, era de color rosada, entró a la habitación, era amplia tenía dos salones enormes, él baño era moderno, se sentó en uno de los sofás de color rosa, oscuro la alfombra era de color blanca, en su corazón sentía él vacío más extremo, nada la sorprendía, ofendida puesto, qué William la había comprado, se dió un baño por un largo rato, mientras tanto Willian le tenía una sorpresa, espero qué bajara, en él salón de comidas, le tenía preparado una gran sorpresa para ella, Dixie observó la mesa tenía velas preparadas, y una decoración hermosa, luego aparecieron los cantantes, cantando una melodía romántica, a Dixie le brillaban los ojos, su mirada se nublo por las lágrimas, luego Willian sacó un anillo, era de diamantes de color blanco, Dixie lo qué hizo fué rebotar él anillo, corrió hasta su cuarto, Willian comprendió qué nada tenía sentido entre ellos, le pidió al mozo, qué le llevará la comida a la habitación, golpeó la puerta una y otra vez, Dixie se encontraba en un estado de shock, se había sentado sobre la alfombra, acurrucada, Willian pidió qué abrieran la habitación, al verla en ese estado, la abrazó, la levantó. —Comprendo, qué te sientas así, mañana vamos a volver, pensé qué todo esto te gustaría. Dixie, tenía corrido él maquillaje, suspiro, trago saliva, luego dijo; —Extraño mucho a mi madre¿ Me llevarías con ella? ¿Me darías un tiempo, necesito pensar, mi madre me necesita mi padre, tiene un terrible comportamiento con ella. Willian, le pasa una servilleta, la miró a los ojos qué eran verdes, claros hermosos, dijo; —Está bien, veremos a tú madre, luego debes venir conmigo. Dixie, mejoró su estado anímico, sintió hasta deseos de bailar, encerrada sola en la habitación, luego se cambió de ropa, luciendo él mejor vestido, con encaje bien ajustado, está vez su corazón latía de felicidad, Willian le habría prometido, qué podría visitar a su madre. Muchas cosas comenzaron a cambiar entre ellos, Willian de pronto se dió cuenta qué en su rostro había una hermosa sonrisa. —¿Quieres ir de compras? ¿O de paseo en bote? Dixie largó una carcajadas. —¡Dónde tú quieras! Era un día lleno de sol, pasaron un día entero a la orilla de un lago, sentado en él césped. —¡Te amo, mi princesa! —Exclamó Willian con su rostro lleno de felicidad.
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