2. Escándalo en la cafetería.

2409 Words
2. Escándalo en la cafetería. Yo era una persona muy observadora. Me enfocaba en los detalles que nadie notaba y podía entender cosas sin preguntarlo. Eso era de mi familia; todos éramos así, perfeccionistas, meticulosos y detallistas. Tal vez excepto Nate, a él todo le importaba un mango podrido. De forma que en las cuatro clases que llevaba, había notado un par de cosas: a los que evitaban como la peste eran los que tenían advertencias en sus casilleros. Mientras caminaba por los pasillos, noté alrededor de ocho o nueve, pero sabía que había más. Hablarle a alguien que tuviera una advertencia era tu propia muerte social, ya que los Kambg podrían su mirada en ti al preguntarse por qué estabas hablándole a alguien que ellos odiaban. Además de eso, lo único que sabía era que los Kambg parecían ser algo como los líderes amigos de la escuela, molestando al que se metiera en su camino, aunque a mí me parecía algo mediocre y claro de una falta de autoestima, si me lo preguntan. Los profesores también parecían adorarlos, aunque por motivos diferentes: los cinco eran unos genios. Genios con todas las letras y cursiva. Me habían tocado un par de clases y no importaba qué pregunta hicieran, qué actividad, qué tarea, ellos lo harían en menos de diez minutos. Desde que entraron al instituto le habían conseguido tantos trofeos que la dirección parecía abarrotada y sus fotos estaban pegadas con kola loka en el cuadro de honor. Ellos estaban ahí de forma permanente y todo el mundo lo sabía. Los cinco eran inteligentes, guapos, astutos y muy controladores. Cuando la hora del almuerzo llegó, me había dado por vencida que nadie se acercaría a hablarme. Había esperado que una chica se acercara a mí para darme la bienvenida, pero eso no pasaría con la advertencia luciendo guapa y sensual en mi casillero. Ni siquiera tenía idea de qué significaba exactamente la pegatina amarilla y tenía tantas ganas de que alguien me explicara qué eran las advertencias, quiénes eran esos cinco chicos y por qué la escuela estaba a sus pies, que por un momento creí que podría rogar por una amiga. Me senté en una mesa solitaria. O bueno, se hizo solitaria cuando me senté y todos salieron disparados en diferentes direcciones como si se acabara de anunciar que el SIDA se contagiaba por la respiración y yo era la única portadora. Parpadeando repetidas veces para evitar el escozor que picaba en mis ojos, empecé a devorar mi comida. Estaba decepcionada de mí, en cierto modo. Era más amigable, más abierta y cuando lo quise mostrar, llegó Kaev y lo arruinó todo. Estaba preparada para hacerle frente a mi pasado oscuro en Cosswood, pero con lo que Kaev me hizo, fue como si toda la confianza que Dinah y Spencer infundieran en mí hubiera sufrido un bajón. —¿Puedo sentarme aquí? —preguntó una voz. Alcé la cabeza, casi esperando que me lanzaran la comida en la cara para simplemente molestarme, pero en cambio encontrándome con... ¡La morena de ayer! Sam, sí. La había defendido de Kaev. Sí, por ella estaba metido en este lío de las advertencias, creo. Su voz sonaba amable y tenía una sonrisa tímida, casi amistosa. Aunque debería estar enojada con esta chica, su actitud había sido la más cálida que había tenido en todo el día, así que le devolví la sonrisa y asentí con la cabeza. Sam se sentó a mi lado y toda la cafetería se sumió en silencio. Claramente debían estar confundidos sobre el hecho de que una chica acababa de sentarse al lado de la que tenía una pegatina amarilla en su casillero. No dejé que eso me intimidara —o al menos lo intenté— y me giré hacia Sam. —¿Estás bien? —pregunté, pensando que eso era lo mejor por lo sucedido ayer. —Sí —contestó soltando una risa amarga y con sus ojos cafés brillantes—. Él me advirtió que sólo sería por un momento, pero tenía razón: creí que sería diferente. —Sacudió los hombros, como si no le importara, pero era fácil leerla; sus ojos ligeramente hinchados y algo rojos, el maquillaje un poco exagerado debajo de sus ojos como si tratara de ocultar algo y sus uñas mordidas indicaban que no estaba bien—. Gracias por defenderme. —Gracias por ser amable conmigo —me encogí de hombros y continué con mi comida. —Te lo debía —dijo—. Me defendiste y por eso tienes la tercera advertencia. Le plantaste cara ayer y hoy a Kaev y eso quiere decir que eres valiente, te reíste y bromeaste con Blake, así que eres divertida también. ¿Cómo no quererte como amiga? —se rió. Una risa genuina y eso alivió algo dentro de mí. Sam era fuerte y no se rompió. Dinah se quebró, pero Sam estaba llevándolo mejor que mi prima y me sentía orgullosa de ella. Aunque acabara de conocerla. —Por cierto —dije yo, terminando mi comida y notando que al parecer todos seguían charlando y habían dejado de mirarnos como si nos hubiera salido una tercera cabeza—, ¿qué pasa con el grupo de Kaev y las advertencias? La sonrisa que Sam conservaba se esfumó, siendo sustituida por una mueca como si hubiera probado algo ácido. —Es complicado —se limitó a decir y yo suspiré. ¿Es que nadie pensaba explicarme? —Por favor, tienes que decirme en qué me he metido. No entiendo por qué la gente me mira raro y se alejan de mí o qué significa la pegatina amarilla y tú eres a la única a la que he podido preguntarle. ¿Por favor, por favor? No bromeaba con eso de que rogaría por que alguien me explicara. Sam me dedicó una sonrisa corta y mordiéndose el labio inferior, empezó a explicarme: —Se les llaman Kambg por las inciales de su nombre. Creo que son amigos desde hace años. —Ella tenía razón. Antes de irme, recuerdo que Kaev empezó a llevarse bien con un par de chicos. ¿Serían ellos? —. Es Kaev Jonas, quien podrías llamar el líder. Las chicas babean, los chicos lo odian o al menos la mayoría y parece un maestro de la guitarra. Toca de ensueño. Creo que es su mayor atractivo. Kaev amaba la guitarra con su vida porque su papá fue un guitarrista, también. Su papá tocaba hermoso, conquistó a muchas mujeres en sus giras, fue famoso y se enamoró de Steph Willows, la madre de Kaev. Se casaron, pero su papá no podía dejar de beber y su esposa odiaba eso, así que después de una fuerte pelea —en la que Kaev debía tener cuatro años—, él se fue a un bar y con su enojo, tristeza y con el corazón en dos, engañó a Steph. La mamá de Kaev no pudo más con su estilo de vida y desaparecieron de la vida del guitarrista. Kaev lo extraña muchísimo. Lo sé porque siempre que salía a andar en bici al parque, podía ver que Kaev se sentaba debajo de un árbol, con su guitarra y lloraba. Nunca me atreví a confesarle que sabía eso de él, porque por más que me molestara e hiciera bromas pesadas, él extrañaba a su padre. Él lo veía en televisión, con el corazón hecho trizas. Alex Jonas, el famoso, guapo y mujeriego guitarrista se enamoró de la dulce, cantarina y amable Steph Willows, pero la perdió. Ignorando el nudo en mi garganta, asentí con la cabeza en dirección hacia Sam, esperando que dijera algo más para dejar de pensar en la familia de mi némesis. —Le sigue Ashton Cohen. —Me señaló a uno del cabello oscuro, ojos oscuros, pero esta vez me fijé mejor: mandíbula firme, sonrisa encantadora y músculos definidos—. Creo que es el más decente de los cinco, se podría decir. Vive con su abuela y trabaja en un minimarket para ayudarla económicamente. Es bueno jugando fútbol. Algo como MUY bueno. » Después está Gray Stone. Creo que es el que menos habla del grupo, pero es el maestro de la estrategia, en serio. Si haces equipo con ese chico, hará una táctica perfecta para ganar. Le encanta tocar instrumentos y es bueno en ajedrez. » Matt Kent —él lo reconocí como el chico de cabello n***o y ojos azules potentes—. Es cruel. —Un escalofrío le recorrió la columna—. Si dependiera de él, todos tendríamos pegatinas amarillas con advertencias, pero los demás lo detienen. Es el mejor corredor que hemos tenido en años en la escuela. Maratones, relevos, todo. Es el mejor. Siempre. Al parecer todos aquí tenían que tener una cualidad específica. Qué lindo grupito de amigos, ¿no? » Y finalmente, Blake Andrews. —Sonreí sólo con escuchar el nombre del rubio divertido y bromista. Ese chico era el único que valía la pena ahí—. Como ya te diste cuenta, es el mejor ahí. Bromista, despreocupado y feliz todo el tiempo. Tiene casi tantas chicas a sus pies como Keev sólo por su carácter tan dulce. Lo suyo son las matemáticas, la química, la física, todas las materias que a todos se nos hacen tan complicadas, él las domina. ¡Es increíble! —Definitivamente estoy enamorándome de Blake Andrews —declaré, haciendo reír a Sam. Ella abrió la boca para decir algo, pero se quedó callada, siendo interrumpida por una nueva voz. —Me siento halagado, Criss. Di un pequeño respingo cuando sentí que una mano se posaba sobre mis hombros y alguien se deslizaba a mi lado, sentándose conmigo. Quería decirle algo, preguntarle si estaba aquí para hacerme sufrir, pero su sonrisa amigable me acalló todos mis malos pensamientos y le devolví la sonrisa. Parecía fácil sonreírle a alguien como Blake Andrews. —No te emociones, amigo. Estoy enamorada de mí misma también pero no por eso ando con el ego en las nubes. Blake soltó una carcajada y mi sonrisa permaneció en los labios. —En verdad, hacía tanto que no hablaba con una chica sarcástica. O algo así. —Se dio unos ligeros golpes en el mentón, y yo me reí. Pensaba decir algo, hasta que mi vista me hizo una mala jugada y terminé viendo la mesa donde se sentaban los Kambg. Mientras todos estaban hablando animadamente —lo más animadamente que te imagines a esos niños inmaduros—, Kaev nos veía fijamente, casi como si quisiera desaparecer a Blake con sólo sus ojos. Obviamente le molestaba el hecho de que su "amigo" y su "cómplice" me estuviera hablando en lugar de torturarme. O quién sabe, quizá Blake quería ganar mi confianza y luego torturarme. O ganar torturarme y luego ganar mi confianza. Espera. Eso no tiene sentido. ¿Dónde estaba? —Oye, rubito —llamé a Blake. Él alzó una ceja ante su nuevo apodo y reprimí una sonrisa sincera—. Creo que a tu amigo de allá no le gusta que estés hablando con su víctima. Blake alzó la cabeza sobre su hombro y se encontró con la mirada fija y chispeante de Kaev. La sostuvo durante unos segundos, suspiró y se volvió a mí de nuevo. —No creo que esté molesto por eso. —Se encogió de hombros, se levantó y se inclinó para darme un beso en la mejilla. Un beso en la mejilla nunca había sido tan especial. No lo pude evitar: un furioso sonrojo me atravesó completamente, mis mejillas ardían y sonreía mientras que Sam y todos en la cafetería se habían quedado en silencio —otra vez—. Blake sonrió una última vez y caminó felizmente a la mesa de sus amigas. Sólo que Kaev ya no estaba sentado en esa mesa. Kaev se había ido. . . . Después de que terminó el almuerzo, Sam y yo nos dirigimos cada una a su propia clase. En parte, me ponía nerviosa todo este asunto de que la gente me mirara por lo que había sucedido y cuando entré a la clase de Geografía y noté como cesaban las conversaciones para que las miradas se concentraran en mí, sentí que un escalofrío me recorría de arriba a abajo. Está bien, sí, es mi primer día, Kaev me odia, tengo una "Tercera Advertencia" —que por cierto mi nueva amiga todavía no me explicaba eso— y Blake parece amable conmigo. Incluso me dio un beso en la mejilla. Supongo que era comprensible que la gente me mirara entre el asombro y el odio. Pero, de todas formas, intenté que no se me notara en el rostro lo afectada que me encontraba por las miradas, algunas más venenosas que otras y me senté en una mesa de la tercera fila, con un chico casataño que estaba leyendo un libro. No lo hice a propósito, pero mi vista fue a dar con el título para llevarme una buena sorpresa al descubrir que era un libro que llevaba mucho tiempo queriendo leer. —¿Es La tierra de las historias? —pregunté y cuando se volteó rápidamente hacia mí me arrepentí. No quería parecer metiche, ¡pero por Dios! ¡Llevaba mucho queriéndolo leer! —Sí —asintió con la cabeza y podía ver la sorpresa en sus ojos—. ¿Lo leíste? —me preguntó. Negué con la cabeza. —No, pero llevo mucho tiempo echándole un ojo. ¿Está bueno el libro? Al chico se le iluminó la mirada. —¡Está increíble! —casi medio chilló al grado que las dos chicas animadoras que teníamos enfrente nos lanzaron una mirada de molestia—. Me encanta cómo se burlan un poco de los cuentos de hadas, eso lo hace mucho más interesante... Y así, me sumergí en una discusión sobre el libro con el chico que resultó llamarse Derek Roberts. Me agradaba, parecía simpático y no se alejó de mí como la peste aún cuando probablemente sabía lo de mi Tercera Advertencia, igua que Sam, lo que era mucho qué decir. La clase de Geografía continuó con normalidad, aunque la maestra resultó bastante molesta, pero no me importó porque al parecer Derek tenía un excelente sentido del humor y me hacía reír cuando la profesora me quitaba los buenos humores. Cuando salí de la última clase, que resultó también había compartido con Derek, me dije que no todo estaba saliendo tan mal. Sí, había muchas cosas horribles, pero ahora tenía dos amigos y Blake no me caía tan mal. ¡Lindo primer día de clases! La escuela se había quedado un poco sola porque como que me tardé de más en el baño y cuando terminé, prácticamente salí corriendo. Se me hacía tarde. De pronto, algo me detuvo. Un grito. Era un grito desgarrador, molesto, triste, furioso, sin esperanza. Era el grito de Kaev.
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