El lunes siguiente cuando mi padre me está llevando a la escuela nos encontramos con Dante en el camino, y como es de esperar, mi padre se detiene para recogerlo, incluso sin que yo tenga que pedírselo. — ¡Gracias, señor De La Vega!— exclama Dante en cuanto sube al auto— ¡Charlotte!— se dirige a mí enseguida— te he estado enviando mensajes, pero no me contestabas. Yo carraspeo al mismo tiempo que observo a Dante algo nerviosa; dejo que mis manos caigan en mi regazo para que jueguen con aquella horrenda falda y clavo la mirada en el espejo retrovisor intentando parecer casual. — He estado poniéndome al día con las clases— miento. Apenas vi mis cuadernos este fin de semana. — Supe que Zeus volvió— comenta luego. Mi corazón se paraliza durante unos segundos hasta que él añade:— tu padre

