Camila Abele

2025 Words
Dejo caer mi cuerpo encima de mi cama. Mi padre todavía no llega a casa, así que aprovecho de descansar unas cuantas horas antes de la cena. Mi primer día de clases ha sido realmente agotador. Afortunadamente, Becca, Haley y Ulisse me han abierto las puertas para quedarme con ellos durante todo el día. Incluiría a Alice también, pero la verdad es que después de lo que ocurrió en el comedor, no la volví a ver. El reloj marca las cuatro; eso quiere decir que demoré media hora caminando desde la escuela a casa. Mucho menos de lo que había pensado. Me saco el uniforme mojado que llevo puesto y lo pongo a secar enseguida mientras abro mi laptop para poner un poco de música. Me meto dentro de unos leggings y un suéter y dejo mi cabello al aire, a ver si se digna a secarse un poco. Después de la escuela, he ido a secretaría a buscar otra hoja con mi horario. A pesar de que me han dado dos, les saco una foto con mi teléfono celular por si se me vuelven a perder. Nunca se sabe lo despistada que puedo llegar a ser. Mientras alargo mi brazo para dejar el teléfono encima del velador que está al lado de mi cama, siento el zumbido que me avisa que me ha llegado un mensaje de chat. Me doy la vuelta para mirar mi laptop y la foto del rostro de Sahara se muestra sonriente. El sonido viene acompañado de otros dos, así que me lanzo arriba de la cama. Sahara no tarda en enviarme una solicitud para hacer una videollamada. La acepto rápidamente y en cuestión de segundos, la pantalla de mi laptop es ocupada por sus cabellos rubios y su piel bronceada. Incluso por una simple llamada de computador, puedo notar cómo el sol entra por su ventana como si estuviera quemando; tiene puesto su bikini y su cabello empapado me avisa que acaba de llegar de la playa. Me da su mejor sonrisa y me saluda con la mano. — ¡Amiga!— es lo primero que dice, emocionada. Yo me llevo la mano al corazón y suelto un suspiro como si estuviera viendo al amor de mi vida. — No sabes lo mucho que te extraño aquí— le digo, haciendo un puchero. Ella suelta una pequeña risa y alza ambas cejas en mi dirección. — Quiero que me lo cuentes todo— me dice, enfatizando la última palabra. Yo me encojo un poco de hombros. — No sé qué quieres que te cuente exactamente— admito. Sahara rueda los ojos y se acomoda en su cama. — Ya, quizás podrías empezar con tus compañeros— me dice como si fuera obvio— ¿alguien que te llame la atención? Inmediatamente el rostro de Alice se me viene a la mente, pero intento ignorarlo. — No, los chicos son extraños y las chicas susurran demasiado— admito. Sahara asiente con el rostro— ¿qué hay de ti? ¿Todo bien con Pauline?— le pregunto, haciendo referencia a su novia. — Si, todo genial— dice, asintiendo con el rostro— aún así, te extraño. — Y yo a ti. — Anda, cuéntame más de tu escuela— me incita Sahara. Suelto una pequeña risa y durante la próxima hora le cuento todo lo que ha sucedido hoy; desde la maldita puerta giratoria hasta yo buscando mis papeles en dirección porque se me habían perdido. Le cuento de Alice, de lo fastidiosa que me ha parecido, y de Becca, que me ha aceptado en su grupo de amigos junto con Haley y Ulisse, y lo mucho que espero que lo sigan haciendo porque las personas de este pueblo parecen realmente difíciles de tratar. — Es como si hablaran en otro idioma— digo finalmente. Antes de que Sahara pueda decir algo, siento cómo la puerta de su habitación se abre y la voz de su madre le pide que se apresure. Ella rueda los ojos. — Tengo que irme— anuncia— ¿hablamos mañana? — Claro. Mi pantalla vuelve a quedar de color blanco, así que cierro mi laptop y me dejo caer mi cabeza en mi cama nuevamente. El techo nunca me había parecido tan interesante. — Deja de llover, maldita sea— me digo para mí misma, escuchando cómo la torrencial lluvia choca con mi ventana de una manera ruidosa. ¿Qué se puede hacer en un lugar como este? No hay nadie en la calle; ¿qué hacen las personas en sus casas en días como estos? Me muevo en mi habitación de un lado hacía otro, e incluso repaso un poco las asignaturas que nos han enseñado hoy; pero después de un rato, me quedo sentada en la alfombra de mi habitación, pensando en algo para pasar el rato. Finalmente, decido que es buena idea ir a comprar cosas para la cena. Una sonrisa se expande por mi rostro; es una idea genial. Puedo usar el paraguas que me ha comprado papá, llevar algo de dinero y cocinar algo delicioso para finalizar este día agotador. Me pongo de pie rápidamente; rebusco entre las cosas de mi padre hasta encontrar una bufanda y cojo algo de dinero de la mesa de la cocina. Abro mi paraguas; grave error hacerlo dentro de la casa. Una vez que estoy fuera, puedo sentir la lluvia empapar mis adidas blancas. No importa; un poco de aire fresco no me hará mal. Mis pasos suenan en la acera mientras voy avanzando; los días en Perdet son tan lluviosos que toda la atmósfera se vuelve de un color azul grisáceo. Siento que en cualquier momento se va a poner a nevar, pero todo se resume en pequeñas gotas de lluvia que se dispersan hacia todos lados y chocan juntas en el pavimento. Eso y el ruido de los árboles moviéndose fuertemente a causa del viento es todo lo que puedo escuchar. Estoy segura haber visto un pequeño almacén no muy lejos de mi casa. Dos cuadras más allá y tengo que empezar a estar atenta porque en cualquier momento puede aparecer. El ruido de otros zapatos haciendo eco de los míos se hace presente. Me quedo tranquila de no ser la única persona que se le ocurre salir a caminar en un día como este; sabía que en este pueblo no todos podían estar tan locos. Sonrío para mis adentros y sin querer, ralentizo un poco el paso para mirar con mayor precaución las casas a mi alrededor en busca del lugar para poder comprar, pensando en que quizás la persona que viene atrás va a seguir su paso y me adelantará, pero no. En el momento en el que me comienzo a mover más lento, la persona detrás de mí también lo empieza a hacer. Trago saliva; es como si me viniera literalmente pisando los talones. Sujeto mi paraguas con fuerza y cierro los ojos; dejo salir un suspiro que sale como neblina blanca de mi boca y rápidamente me doy la vuelta para ver de quién se trata; pero no hay nadie allí. Y los pasos han cesado. — ¿Qué demonios?— pregunto para mis adentros, algo confundida. Doy unos cuantos pasos para ver si es que me lo estaba imaginando; pero no. Definitivamente escuchaba alguien detrás de mí. Sacudo el rostro y comienzo a caminar nuevamente en dirección al almacén; no sin antes sujetar mi paraguas con fuerza hacia mi cuerpo. Apresuro el paso y mi respiración de repente se vuelve agitada. Un banderín de coca-cola me indica que estoy a dos casas de llegar. Entro rápidamente en el local, mirando hacía afuera en busca de algo —o alguien —pero todo lo que veo es agua. — Hola— la voz de un chico hace que me sobresalte. Me doy la vuelta para mirarle la cara; tiene puesto el uniforme de la escuela de Perdet y está detrás del mostrador, mirándome con una mueca divertida. Tiene el cabello corto y n***o y los ojos increíblemente cafés— ¿todo bien?— pregunta, luego de unos minutos de silencio. Sacudo el rostro, un poco avergonzada. — Si, lo siento... es solo que— dejo salir un suspiro— ¿tienes pasta? El chico suelta una carcajada y se da la vuelta para rebuscar en uno de los estantes grises. — Tú eres la chica nueva— dice, dándome la espalda. Me acerco un poco para escucharle mejor. — Supongo que esa soy yo— le digo por lo alto. El chico alcanza uno de los paquetes de pasta y lo tira unos centímetros al aire para luego volver a alcanzarlo con la mano y dejarlo encima del mostrador— ¿algo más? — Salsa de tomate— le pido. Él vuelve a darme la espalda para buscar entre los estantes. — No eres de aquí, ¿cierto? digo, no eres de Perdet — indaga. — ¿Cómo sabes?— enarco una ceja. Él deja el paquete de salsa de tomate al lado del paquete de pasta— ¿ajo? Asiente con el rostro y camina unos pasos para rebuscar entre las verduras. — Y tomate ya que estás en eso— le pido desde donde estoy. — Porque nunca te había visto— responde a mi pregunta anterior— y porque estás demasiado bronceada — se da la vuelta a mirarme para decirme eso. Me encojo de hombros— soy Dante. Deja la bolsa de ajo y la bolsa de tomate encima del mostrador y me regala la mejor de sus sonrisas. — Charlotte — me presento — Charlie — sacudo el rostro —Charlotte — vuelvo a decir. — Charlotte— dice él, como saboreando mi nombre en sus labios— ¿algo más? Niego con el rostro mientras le entrego un billete. Lo deja encima adentro de una pequeña caja de cartón y me da el cambio en monedas. — Gracias— le sonrío de vuelta, saliendo del lugar. Vuelvo a abrir mi paraguas y comienzo a caminar de vuelta a casa. Supongo que es verdad que en los pueblos pequeños todos se conocen entre todos; probablemente en unos cuantos meses me sabré hasta el nombre de la mujer que trabaja en el almacén de la última casa. Dejo salir un suspiro y apresuro el paso; no quiero sentir nuevamente que me están siguiendo. Llego a casa rápidamente y dejo las cosas encima de la mesa, junto con mis llaves. Me siento en el sillón y recién ahí puedo sentir que respiro bien. Enciendo el televisor y comienzo a rebuscar entre los canales, a ver si puedo encontrar algo divertido para comenzar a cocinar la pasta, pero lo único que están dando es una película antigua de romance. Dejo la televisión en el noticiero local y comienzo a picar tomate en una de las tablas de madera de la cocina. Comienzo a silbar mientras corto y corto en pequeños cubitos. — Y en otras noticias — anuncia la periodista de la televisión, justo después de dar un reportaje completo sobre los peligros de la combustión— Hoy se cumplen cuatro semanas del asesinato de Camila Abele, la joven de dieciocho años que fue asesinada la noche del veinte de marzo en el interior de su domicilio, en la localidad de Perdet... Se me congela la sangre durante unos instantes cuando la escucho pronunciar el nombre de Perdet; pero lo peor no tarda en llegar. — ...La joven, ex-estudiante de la escuela de Perdet, fue asesinada en su casa, después de ser vista por última vez saliendo de un bar con una compañera de escuela. Hasta el momento, la policía no ha dado con el paradero del asesino y no tienen mayor información al respecto después de que se dejó en libertad a la principal sospechosa; Alice Dominico. Tengo que empujarme la boca con la mano para cerrarla. Cierro los ojos durante unos segundos para poder hacer un recuento de todo lo que ha sucedido hoy. Cuando los abro, lo único que puedo ver es la foto de Alice en la pantalla del televisor. 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD