—¡Buenos días! —grito al momento que abro la puerta de la casa de mi madre—. ¡Ya llegué! Camino por el recibidor yendo directamente a la cocina. Abro uno de los gabinetes y saco un vaso para beber agua. Necesito mucha agua. Abro la llave y lleno el vaso hasta arriba. Me lo bebo de un solo trago porque estoy con muchas emociones juntas así que necesito refrescarme un poco. —¡Ema! ¡Pensé que ya no vendrías! —¿Por qué lo dices? —Son las ocho. Carajo —Lo siento. Se me hizo tarde —me limito a decir —. ¿Llevaste a Andrés al colegio? —¡Claro! —mi madre entra e la cocina. La veo sacar dos tazas y comienza a llenarlas de café. Me ofrece una y la tomo dándole las gracias—. Habla. —¿Qué? —Podemos quedarnos un buen rato y fingir que nada está pasando. O podemos sentarnos en el jardín a tomar

