Jamás había abusado de mi poder como jefa y dueña de este lugar. Una cosa era abandonar por unos minutos la cocina para saludar a algún comensal, salir a recibir alguna felicitación por el menú, o ir al baño cuando la visitadora llega, a tener que salir del restaurante en horas de trabajo. Pero al leer esta nota, debo decir que no me importa dejar a Marcos a cargo mientras yo voy a resolver dos asuntos que me han dejado con la temperatura elevada. Camino hacia la oficina y rápidamente me deshago de mi filipina. Tomo mi camiseta y me la coloco tan rápido como puedo. El perfume que suelo dejar siempre en mi bolso, lo agarro con mucha necesidad y me rocío en el cuello, pechos y básicamente en todas partes. La dirección que me indica, está cerca así que puedo ir caminando. Dejo mis cosas y

