La semana pasó sin problemas. Evité a Julius a toda costa, tomando nuevas rutas a las clases e incluso llegando temprano a las clases que teníamos en el mismo edificio. Leo no me había enviado mensajes desde el lunes y estaba empezando a pensar que se había olvidado de que saldríamos hoy. Honestamente, no me importaría, ya que estoy segura de que solo me invitó por lástima.
Afortunadamente, ya podía hablar con dolor mínimo. La hinchazón había disminuido y los puntos de sutura se estaban disolviendo lentamente. Estaba agradecida de tener mi voz de vuelta y poder agradecer a mi asesor por sacarme milagrosamente de la clase del profesor Dune. Él me inscribió en la clase del profesor Lewis, que era mi última clase para hoy.
Leo: Hola Olive. ¡No puedo esperar a verte esta noche! Vamos al club Tunnel en Manhattan. Nos encontraremos todos afuera de los dormitorios si quieres venir con nosotros. De lo contrario, nos vemos allí a las 9.
Vaya mierda, parece que no se olvidó.
Olive: Suena divertido. ¡Nos vemos allí!
Suspiré, apartando las inseguridades que intentaban aflorar en mí. Dejé mi teléfono y me concentré en la conferencia. El profesor Lewis era un profesor fabuloso. Explicaba las cosas bien y fomentaba las preguntas. Su clase me pareció refrescante y mil veces mejor que la de Dune.
—Entonces, ¿adónde vamos esta noche? —preguntó Hailey, que me esperó afuera de mi clase. Teníamos clase en el mismo edificio a la misma hora hoy.
—Al club Tunnel. ¿Has estado antes?
—¿Estás bromeando? Ese lugar es increíble. Parece un antiguo almacén durante el día, pero por la noche lo acondicionan pensando en la diversión —Hailey chilló de emoción mientras se enlazaba de mi brazo—. Necesitamos que te veas sexy esta noche y sé justo el vestido.
—Hailey, no —me quejé, vislumbrando horas de tortura en nombre de la belleza.
—Olive, sí —dijo con firmeza—. No suelo tener una excusa para vestirte. Además, Leo puede ser un novato, pero está buenísimo y si no tienes planeado atraparlo, yo tal vez lo haga —me guiñó un ojo.
—Adelante. Creo que mis días de una noche están terminados.
Todavía no podía sacar de mi mente a Lucas. Él me arruinó para todos los hombres después de él. No estoy segura de si conoceré a otro hombre con esa habilidad.
—¿Ya? ¿Después de solo uno? —se quejó.
—Sí.
———
—Deja de jalarlo —me regañó Hailey mientras tiraba hacia abajo el dobladillo de mi vestido por millonésima vez desde que salimos desde su penthouse.
—Es demasiado corto. Siento que mi trasero está al aire —me quejé.
Hailey me había vestido con un pequeño vestido n***o que brillaba intensamente a la luz del glitter que lo adornaba. Tenía tirantes de espagueti delgados y me quedaba ajustado como una segunda piel. Sentía que mis senos estaban a punto de derramarse por encima con mi trasero al aire. Estaba tan incómoda, pero Hailey se negaba a dejarme cambiar. Incluso cerró con llave la puerta y se llevó mi llave para que no pudiera volver.
—Esa es la idea, Livie. Pareces lista para devorar —mordió el aire a mi alrededor.
—Deja de reír —enlazamos nuestros brazos mientras nos acercábamos a las puertas del club.
—Maldición —escuché a Leo susurrar mientras nos acercábamos. Sus ojos recorrieron mi cuerpo, haciéndome sonrojar mientras claramente me miraba—. Qué bueno que puedan venir. Estamos esperando a otros dos antes de entrar. Permítanme presentarles a todos.
Nos llevó a un pequeño grupo de chicos con un par de chicas. Los chicos parecían modelos de catálogo con rostros esculpidos y músculos tonificados. Las chicas parecían modelos de pasarela con piernas largas y cuerpos perfectos. Tenían tacones altos que se envolvían alrededor de sus pantorrillas y vestidos tan cortos como el mío o incluso más cortos.
—Chicos, ella es Olive y su amiga Hailey —Leo nos presentó—. Chicas, ellos son CJ, Kade y Willis —señaló a los chicos—. Ella es Claire, y ella es Shelby.
Asentimos todos un poco incómodos antes de que una moto ruidosa llamara nuestra atención. Vi cómo la moto se estacionaba frente a nosotros con dos personas sentadas en ella. La persona de atrás se bajó primero. Se quitó el casco, dejando que su largo cabello n***o cayera a su alrededor.
—¡Finalmente! Les tomó bastante tiempo —Kade se quejó, mirando al conductor de la moto. Se quitó el casco para revelar un rostro demasiado familiar. Sus intensos ojos marrones se encontraron con los míos antes de recorrer mi cuerpo. La esquina derecha de sus labios se curvó en una sonrisa burlona.
Lucas.
—No es… —comenzó Hailey, sin poder terminar su pregunta mientras asentía en confirmación.
—Qué amable de tu parte unirte finalmente —Leo le saludó, entrelazando sus manos en un abrazo de colegas.
—Lo siento, tuve que ocuparme de algo —hizo un gesto hacia la chica con una sonrisa burlona. Una insinuación si alguna vez vi una. No sé por qué el pensamiento de él con ella me retorcía el estómago.
—Estoy seguro de que sí lo hiciste —Leo rió—. Ah, cierto. Quiero que conozcas a alguien —Leo se dirigió a Hailey y a mí—. Ella es Hailey y esa es...
—Rose —Lucas interrumpió, haciendo que sacudiera la cabeza.
—Esa pudo haber sido tu oportunidad de aprender mi nombre —levanté la vista hacia él, sin esquivarlo ni mostrarle ningún rastro de celos que sentía. Sujeté discretamente el brazo de Hailey en busca de apoyo, aún enlazado con el mío.
—Eso hubiera sido demasiado fácil. Quiero que me lo digas —se acercó más a mí. Estaba aquí con otra chica, pero coqueteaba descaradamente conmigo. Me desconcertó rápidamente.
—¿Ustedes se conocen? —preguntó Leo levantando una ceja.
—Podrías decir eso —respondí, viendo a Leo asentir con la cabeza.
—¿Entramos ahora que todos están aquí? —señaló CJ hacia la puerta, claramente cansado de esta interacción incómoda.
—Sí, vamos —dijo Leo al tiempo que pasaba su brazo sobre mis hombros, guiándome lejos de Lucas y hacia la discoteca.
Nunca pensé que me lo volvería a encontrar.
Las luces parpadeaban, moviéndose por todo el lugar. Estaba mal iluminado y olía a alcohol y sudor. La música a todo volumen hacía vibrar el suelo bajo nuestros pies. Era difícil escuchar a alguien con este volumen. Leo volvió la cabeza y se acercó a mi oído para hablar.
—¿Quieres algo de tomar? —me preguntó, asintiendo con la cabeza—. ¿Cuál es tu preferencia?
—¡Sorpréndeme! —le grité sobre la música.
Él me sonrió mientras se dirigía hacia la barra. Sentía la mirada de Lucas sobre mí, pero me negaba a mirar en su dirección. Él está aquí con alguien más y no debería prestarme atención, aunque eso es exactamente lo que yo quería. Quería que me agarrara y me llevara detrás del edificio, recordándome el tipo de placer que puede ofrecerme.
No, maldita cachonda. Él está aquí con alguien más.
Mordí mi labio, tratando de alejar mis pensamientos de él. Leo regresó con una especie de cóctel afrutado, dejándome ver qué tipo de persona pensaba que era. Cree que no bebo mucho, o que no soporto el ardor de las bebidas fuertes. Cree que soy femenina y que prefiero lo dulce a lo salado. Tiene una idea equivocada de mí, pero acepté la bebida con una sonrisa.
—Gracias —le dije, pero antes de que pudiera beber, me la quitaron de las manos y me dieron un chupito de fireball. Mi tipo de bebida. Miré al responsable del cambio de mi bebida y vi a Lucas. Fruncí el ceño, pero él no me miraba. Miraba a Leo y negaba con la cabeza.
—¡Esa no es su bebida! —le gritó a Leo por encima de la música.
No se equivocaba, pero no me gustaba que ya supiera eso de mí. ¿Cómo lo sabía incluso? Nunca le había dicho lo que me gustaba la última vez que estuvimos juntos. De hecho, estuve bebiendo tequila la mayor parte de esa noche.
—¿Cómo sabes lo que me gusta? —le cuestioné, bajando el chupito sin quejarme.
—Sé exactamente lo que te gusta —su rostro era serio, pero había un hambre en sus ojos.
No pude evitar que el rubor coloreara mis mejillas ante su comentario. No mentía. Él sabía exactamente lo que me gustaba esa noche sin que yo tuviera que decirle nada.
Tratar de mantenerme alejada de Lucas esta noche va a ser casi imposible.