+ALEJO+ El sonido metálico de la cerradura al abrirse fue el ruido más hermoso y brutal que había escuchado en mi vida. Mi cuerpo, entumecido y sucio, reaccionó al instante. —Ya puede salir —me dice Marcus. Alzo la mirada, la esperanza vuelve a mí... Una semana incomunicado, una semana de investigación. —Sí, es hora —la voz de mi abogado resonando en la pequeña celda. En eso me levanto de la banqueta de la celda. La tela áspera de la manta improvisada se pegó a mi piel. Sí, estoy preso o bueno, estaba preso. Una semana. Una semana preso y todo por una acusación de mala inversión. Estoy en Rusia, en una celda que olía a sudor, miedo y desinfectante barato. Los malditos que me pusieron en esta trampa me las pagarían. Sabía que era poderoso, pero la ley es la maldita ley, especialmente

