+ Sentí cómo su cuerpo se tensaba por completo. Sus caderas se aceleraron, el movimiento se volvió un clímax frenético. Su mano se aferró a mi cabello con más fuerza. —¡Luna! —rugió, su voz se rompió en un grito de placer absoluto. La sensación de su pene pulsando, liberando su éxtasis en el fondo de mi garganta, era abrumadora, intensa. No era un momento de ternura, sino de poder crudo y pasión desenfrenada. Cuando terminó, cayó hacia atrás sobre el mármol de la cocina, agotado y satisfecho. Yo me quedé arrodillada, mi boca llena del sabor de su victoria. + Me puse de pie, sintiendo el cuerpo vibrante y las piernas temblorosas. Mis labios, aunque aún sensibles, sonreían de forma incontrolable. Alejo había quedado tendido en el suelo de la cocina, agotado pero radiante. —Ven aquí —d

