—Siéntate, Luna —ordenó Alejo, sin romper el contacto visual. Su autoridad llenó la sala. Me senté. Aliza tomó asiento frente al escritorio de Alejo, dejándolo como el centro de la mesa de negociación. —Me llamo Aliza y soy de Recursos Humanos, la jefa. El señor Blackwood vino a hablar sobre tu estadía aquí —explicó Aliza—. La presidenta de esta empresa es amiga del señor Blackwood y ambos han decidido que dividas tus horarios de pasantía—continuó Aliza, como si estuviera anunciando el clima—. Tres días aquí y dos días en Blackwood. Me quedé en shock. ¿Dividir horarios? ¿Tres días en mi supuesta huida y dos días con el hombre que había traicionado? —¿Eso es posible? —pregunté, sintiendo que mi voz temblaba. El decano me había vendido un contrato exclusivo. Alejo, por fin, habló. Se in

