Las palabras de Lucía me golpeaban como piedras. Mi infancia entera, los abrazos fríos de mi madre, la presión constante para ser perfecta, la envidia de Lucía, todo encajaba en ese oscuro rompecabezas. —¡Una aprovechada que se pegó a la única familia decente que le quedaba! ¡Y ahora que mi madre te puso en tu sitio, corres a los brazos de un hombre rico para que te mantenga! ¡Eres una vergüenza para todas las mujeres! ¡Una cazafortunas de baja estofa! Me desplomé, no al suelo, sino contra el cuerpo de Ryan, que finalmente me sostuvo. Mis lágrimas empapaban su traje. No, esto duele demasiado, nooo, no quiero creer todo eso, no quiero. ¡Esto debe ser una pesadilla! Nooo, me cuesta aceptar todo lo que dice. ¿Por qué me hacen esto? Dios, no soy una mala persona, ¿qué es lo que hice? —¿P

