+*+*+*+*+*+*+*+*+* ++++ + * Dejé de luchar contra el llanto, permitiendo que la agonía de la verdad saliera a borbotones. El hombro de Alejo se humedeció con mis lágrimas. Sentía el alivio de haber arrojado el peso de un secreto que me había asfixiado toda la vida. De un momento a otro ya estábamos en su casa, solo faltaba salir del auto, claro, otra vez me dieron las ganas de llorar. —Necesito aire —susurré, separándome ligeramente, incapaz de seguir procesando la traición familiar. Alejo me ayudó a bajar del auto, y me encontré en el camino de entrada de su residencia. —Respira, Luna —me dijo, su voz era un bálsamo—. Estás a salvo. Me apoyé contra el capó del coche, tomando grandes bocanadas de aire fresco. Alejo se paró frente a mí, su figura imponente bloqueando el resto del

