Sabía que él estaba probando mis límites, sondeando la profundidad de mi felicidad en su empresa "rival". Decidí ser honesta sobre el ambiente, usando la verdad para demostrar que mi huida no era un rechazo a él, sino a la cultura que él permitía. —Sí, estoy alegre. Y te diré por qué: sabes que en Blackwood no me quieren porque soy mujer —dije, sin titubear. El silencio fue absoluto. Él no se inmutó, pero la intensidad de su mirada creció. —No me refiero a ti —aclaré, sabiendo que tenía que medir mis palabras—. Me refiero a tus directivos y a la cultura corporativa. En Blackwood, tuve que luchar contra la hostilidad. El respeto se gana con intimidación. —En La Esencia Fashion, me recibieron con abrazos, con aplausos. La jefa, Talia, me preguntó por mis ideas, no por mis horas extras. E

