¡Cruel destino!

1512 Words

+*+*+*+*+*+*+*+*+*+ No fuimos a la cafetería. Mi madre vetó la idea, insistiendo en que era "un asunto de familia, no un circo." Terminamos en casa. El viaje fue tenso y silencioso, con mis padres lanzándome miradas de juicio y decepción. Al entrar, sentí el peso opresivo de la familiaridad. Nos sentamos en los sillones de la sala, los mismos donde me habían enseñado que la obediencia era la máxima virtud. Mi padre se hundió en su sillón, y mi madre se sentó erguida, lista para el juicio. —Ahora, Luna, vamos a hablar con calma —comenzó mi madre, con esa voz de "autoridad moral" que siempre me hacía sentir de doce años—. ¿Por qué esa actitud en la oficina del decano? —Porque me vendieron —dije, sin rodeos, mirando directamente a mi madre—. No me consultaron, no respetaron mi decisión y

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