La obsesión de Alice

1034 Words
Alice no volvió a mostrar una sonrisa,la dureza de sus ojos contemplaba al sol;que se ocultaba tras las montañas. Se quedó con la cabeza erguida y la vista perdida en el horizonte. La casa de campo de Montana era el lugar perfecto para la recuperación de Ángela. Para Alice el lugar era lo de menos,ya nada le importaba,las cosas simples de la vida dejaron de tener color. El aire fresco de la tarde traía consigo recuerdos de su infancia. Vestida con unos jeans anchos y camisa a cuadro permanecía en silencio. Alice reposó en una silla de madera, con los pies apoyados en la tierra fresca, mientras miraba a su hermana dormida en la hamaca. Ángela se despertó sonriente y la miró con agradecimiento. — ¿Cómo te sientes, Ángela? —preguntó Alice, dejando escapar un leve suspiro. Ángela sonrió débilmente, aún sumida en la somnolencia. — Bien… creo que dormí mucho. —dijo ella, abriendo los ojos lentamente. — Ya venia a ver si respirabas. —respondió Alice con un tono burlón, pero su mirada era seria. Su hermana la percibió triste y no pudo evitar decir: —Te pasas los días sumida en un pensamiento,ya deja de pensar en esos dos. —Imposible,Carlos y Nicole se convirtieron en esa sombra que me nubla la mente. Ángela pensó muy bien lo que le iba a decir,no quería herir sus sentimientos,pero necesitaba sacarle de ese letargo. — Te engañaron,nos robaron,es cierto,pero hay que pasar la página. — No te vayas a ofender…. Alice se mordió la lengua para no herir a su hermana. Dio media vuelta,sus pasos la llevabaron al antiguo cobertizo donde guardaba su secreto. Las armas estaban alineadas, brillando bajo la tenue luz del faro cercano. Desde el primer día en que tomó el revólver, sintió cómo el miedo y la vulnerabilidad se transformaban en poder. — Cada tiro es una promesa de que pagarás tú traición.— Susurró Alice mientras se preparaba para disparar. El eco del primer balazo resonó, y un deseo de venganza surgió en su corazón a un nuevo ritmo, uno que le urgía a recuperar lo que le habían robado. La tía Misha interrogó a su sobrina: —¿Dónde está tu hermana? —Sacando su rabia en el cobertizo. La tía Misha salió detrás de Alice con rostro preocupado. — Alice, cariño… no puedes vivir así. —dijo, cruzando los brazos. Alice se giró, sus ojos centelleaban de rabia contenida. — ¿Y qué me queda, tía? ¿Dejar que se salgan con la suya? —Su voz era fría y determinada. — Pero eso no te traerá paz. La venganza no rellena el vacío. —Misha intentó convencerla, pero sabía que estaba hablando a una pared. La joven dirigió nuevamente su atención hacia la oscura silueta del objetivo. — Paz… —murmuró—. No puedo buscar paz hasta que ellos paguen por lo que hicieron. —Ayúdame a llevar a Ángela a su habitación mientras preparo un chocolate caliente. De camino a la habitación su hermana le platicaba y ella no la escuchaba; sus pensamientos se centraban cada vez más en su regreso a New York. — Dime,¿qué pasa por tu cabeza? Dudo un poco antes de hablar y al fin se encontró compartiendo su plan con su hermana. — Nos iremos juntas a Italia. —declaró, con voz firme, aunque su mirada ardía de rencor. Ángela frunció el ceño, preocupada. — ¿Qué piensas hacer exactamente? No quiero que arriesgues tu vida por…… — Por nada que no valga la pena —la interrumpió Alice, su determinación provocaba silencio. La venganza era ahora parte de su ser, un fuego que alimentaba su alma. Ángela le estaba muy agradecida a su hermana y por más que intentó no pudo hacerla cambiar de idea. —Tía,ya que no puedo con ella,me voy a unir a su venganza -- .Miraba a su hermana por la ventana. —Yo iré con ustedes,ese hijo de puta le destruyó la vida a mi sobrina y debe pagar. Tía Misha y Ángela le habían tomado mala voluntad a Carlos y solo deseaban verlo para colocarlo en su lugar. Pablo y Dominga les mantenían al tanto de los movimientos de la siniestra pareja. Carlos y Nicole se habían casado y vivían en una lujosa propiedad que recién habían adquirido. El viudo no duró mucho tiempo de duelo,ni siquiera se molestó en visitar la supuesta tumba de su primera esposa. —¡No te preocupes,Pablo!,mi regreso colocará todo en su lugar. Alice colgó el teléfono y se fue directo al cobertizo a practicar tiro al blanco. Contempló la foto de su esposo Carlos. La imagen reflejaba la sonrisa que la enamoró, pero que ahora solo traían recuerdos punzantes de traición. —- Me gustaría tener enfrente a la arrastrada de Nicole.¡Los odio! Su mejor amiga, Nicole, había cruzado una línea que nunca debió ser cruzada. Cuando descubrió el engaño, todo su mundo se desmoronó, llevando consigo no solo el amor que creía tener, sino también sus sueños de una familia feliz. — Ella también es culpable,ambos me arrebataron mi ilusión. La obsesión por el tiro al blanco comenzó como un intento de canalizar su rabia y decepción. — Que nadie me diga que me olvide de mi venganza,ya pasó el tiempo de lágrimas ahora me toca cobrar. Colocaba la foto de Carlos, sonriente y guapo, frente a ella y, con cada disparo, sentía una mezcla de alivio y desesperación. Era su manera de recuperar el control, de tomar venganza contra lo que la había dejado rota. La práctica se convirtió en ritual. El sonido del arma, el blanco perfectamente delineado, y la liberación temporal que sentía al acertar le otorgaban un sentido de poder que había perdido. Sin embargo, tras cada explosión, la chispa de felicidad que una vez sintió se desvanecía, dejándola aún más vacía. —Alice,hija ya deja eso y vamos a la casa a merendar. — No tengo hambre,tía. — Cada vez que Pablo te llama pasa esto,¿hasta cuándo;sobrina? Ella volvió a colocarse en posición y le dio al blanco. — Hasta que los malditos paguen.Solo ese día podré seguir con mi vida.
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