Alaia Sokolova de Klein El sol de la mañana se filtraba con una agresividad metálica a través de los ventanales de nuestra nueva habitación, proyectando sombras alargadas sobre la alfombra de seda que parecía burlarse de la agitación que sentía en mi interior, pues aunque anoche me coroné ante los ojos de los lobos como la verdadera reina de esta estructura, al despertar sentí que el aire de la mansión pesaba más que el propio vestido esmeralda que ahora yacía en el suelo como un recordatorio mudo de una batalla ganada. Me quedé un momento sentada en el borde de la cama, sintiendo el silencio de la casa como una presión en mis oídos, mientras observaba a Autum dormir a mi lado con una expresión de serenidad que solo lograba en la inconsciencia, preguntándome si él también sentía este va

