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3586 Words
43          Santiago sentía una mezcla de sentimientos que navegaban entre la felicidad y la impotencia. El caminar, llevando de la mano por las calles de El Rodadero a la que él, además de muchos más, consideraba la niña más linda de la ciudad, sabiendo que se estaba convirtiendo en su novia, en su primer amor, solo daría para sentir una inmensa felicidad; pero el recuento de las crueles situaciones y oscuros momentos vividos por ella en la prisión juvenil de Nueva Jersey alcanzaba a nublar lo que de otro modo habría podido ser una felicidad completa. La imposibilidad de no poder hacer nada para que las cosas hubiesen sido diferentes y de poder hacer muy poco para ayudarla a borrar aquellos nefastos recuerdos, lo llenaba de aquel sentimiento de impotencia que hubiese deseado que jamás lo visitara. Solo sabía que debía hacer todo lo que estuviera a su alcance para que esta dulce y hermosa muchacha, que todo lo había perdido, tuviera una nueva oportunidad en la vida y fueran solo los buenos momentos los que la acompañaran desde ese momento hacia adelante.      –A mí me gusta la de jamón y pepperoni –era la opinión de Carrie, sentada cómodamente al frente de Santiago en la terraza de una de las pizzerías que atendían aquella zona de la ciudad.      –Mitad lo que ella dijo y la otra mitad de pollo con champiñones, por favor –le dijo Santiago al mesero, un muchacho trigueño vestido totalmente de blanco.        Minutos después, cuando las bebidas les habían sido servidas, Carrie continuó con el relato de su experiencia.      –Cuando salí del castigo por empujar a Julie, creo que se me había olvidado hablar. Parecía una autómata…, no tenía ganas de nada, solo hablaba por las noches con Patricia, para mis clases de español, y para quejarme de mi mala suerte.      –¿Entonces cuándo volviste a hablar con Julie?      –Espera, no te adelantes… A pesar de todo, del paso del tiempo, de las dos veces que me habían mandado a la celda para solitarios, yo no me acostumbraba a esa vida, a recibir órdenes todo el tiempo, a estar obligada a hacer lo que ellos dicen y no lo que tú quieres… Es que es cuando te das cuenta que la libertad no solamente la pierdes cuando te obligan a permanecer  dentro de un espacio cerrado…, también es cuando no eres libre de escoger absolutamente nada, ni lo que quieres comer, ni la hora en que te quieres levantar de la cama o acostarte, de poder ver la película que tú escojas, leer el libro que tú quieras, llamar a alguien… Es que simplemente te conviertes como en un animalito… –Carrie se vio interrumpida por la llegada del mesero, quien en sus manos tría la pizza de dos diferentes sabores. El muchacho vestido de blanco sirvió los primeros pedazos, quedando la joven pareja en silencio mientras daban los primeros mordiscos de aquella cena aplazada por algo más de once meses.      –Carrie –preguntó Santiago instantes después–. Ya sabemos que fue muy poco lo que te conocí en esa época, ¿pero siempre has tenido esa forma tan linda de ser? Es que a pesar de lo que viviste durante todo ese tiempo, yo te veo como una pelada muy dulce, muy tierna… Como si esa experiencia tan horrible no te hubiera afectado en tu forma de tratar a los demás…      Carrie lo miró con la más tierna de las sonrisas antes de responder.      –¿Qué te puedo decir? Me imagino que me ha ayudado mi llegada a Santa Marta. Lo lindo que es todo esto, mi trabajo en donde todos me quieren, el sitio donde estoy viviendo, y ahora que te he encontrado… Pero no creas, no siempre ha sido así. Cuando salí de esa prisión y mi mamá me dijo que tenía quince días para irme de la casa, quería matar a todo el mundo, no solo a los culpables directos de toda mi desgracia, también a mis padres, a los amigos que no habían creído en mí, a alguna de la gente que había dejado allá adentro.      –No sé mucho del tema, pero cualquiera creería que una pelada que acaba de salir de allá, pues va a ser muy dura, difícil, va a llevar muchos resentimientos que la van a hacer comportarse de una manera muy diferente a como tú lo haces…      Santiago no sabía si estaba siendo imprudente o entrometido, pero estaba seguro de querer llegar a conocer todos los aspectos que rodeaban a la niña de sus sueños, sin importar que estos fueran positivos o negativos.      –Había muchas de ese estilo allá adentro, pero si te pones a pensar en qué puedes sacar de bueno por comportarte así, llegas a la conclusión de que solo estarías alargando tu condena aunque ya estés por fuera de la prisión.        –Tienes toda la razón, y lo único que sé es que la vida te ha dado una nueva oportunidad, y de paso nos la ha dado a los dos –Santiago le tomó la mano mientras pensaba en lo rápido que las cosas habían sucedido: apenas un par de horas antes la había estado esperando en una esquina a pocas cuadras de allí, y ahora se sentía como si le estuviera hablando a alguien con quien habría compartido por más de una semana.      –Lo sé, ¿y sabes una cosa? Ahora más temprano estaba pensando en la energía que tú irradias…      –¿Qué yo irradio?      –Sí, me haces sentir muy cómoda a tu lado, como si te conociera desde hace mucho tiempo… Bueno, yo sé que te conozco hace tiempo, pero como si hubiéramos compartido desde hace mucho…      –¡Es increíble! ¡Era lo que estaba pensando justo ahora!      – ¿En serio? –una vez más Santiago era testigo de la espectacular sonrisa de ella.      –Sí, creo que nos hemos entendido tan bien que es como si nos hubiéramos tratado desde hace mucho más tiempo que las dos horas que en verdad llevamos.      –Bueno, eso solo indica que algo muy bueno va a salir de todo esto.      Un nuevo y prolongado beso llegó antes de que decidieran continuar con lo que quedaba de la pizza y con el resto del relato de la experiencia de Carrie en la prisión juvenil.      –Yo creo que estuve a punto de romper el record de visitas a la celda de castigo…      –Viendo tu forma de ser, creo que nadie lo podría imaginar…      –Bueno, de pronto haya niñas peores, pero para haber estado tres veces en solitario en tan solo diez meses y una semana que estuve presa, creo que es todo un record.      –¿Y por qué fue la tercera vez?      –Es toda una historia –dijo ella mostrando una amarga sonrisa.      –Si quieres mejor hablamos de otras cosas… –Santiago se moría de las ganas de conocer todos los detalles de las penurias por las que Carrie había pasado, pero al mismo tiempo sentía que no quería amargarle el rato trayendo a colación esa clase de recuerdos.      –No, saquemos eso de una vez, creo que es mejor así –dijo ella mientras se acomodaba el cabello por detrás de la oreja–. Imagínate que había una niña, creo que era de mi edad, y la maldita era lesbiana. Su cara era bonita, no era gorda ni nada eso, pero su pelo corto pintado de azul y unos tatuajes que tenía en los brazos la hacían ver bastante dura, estaba condenada por robo.  A ella le gustaba Patricia, mi amiga colombiana, pero Pati no quería saber nada de lesbianas. Un día, era domingo, yo estaba con ella en las mesas de juego tratando de hablar en español, yo ya llevaba siete meses ahí, y podía mantener una buena conversación en tu idioma, creo… –Carrie soltó una corta sonrisa–. Pero bueno, Margot llegó, Margot era la lesbiana, y se sentó con nosotras y le dijo a Pati que ella podría cuadrar la cosas para que pudieran pasar la noche juntas, pero eso era una mentira porque eso allá era imposible, cada una tenía su celda y de ahí no podías salir después de las ocho de la noche, aunque fueras amiga del presidente… Pati le dijo que no la molestara, que ella ya sabía que no estaba interesada. Pero Margot no hizo caso y trató de darle un beso en la boca, entonces Pati reaccionó y le dio una bofetada bastante dura. Margot le respondió con un puño en la cara y mi pobre amiga cayó al piso. Yo en ese momento me acordé que alguna vez Pati me había dicho que por buen comportamiento podría salir antes, pero si la encontraban peleando perdería ese beneficio, entonces antes de que pudiera golpear a Margot nuevamente, yo la detuve, la agarré y no la deje que se le mandara encima. Pero en ese momento llegaron dos guardianas y preguntaron qué cuál era el problema. Yo les dije que había tenido que darle una bofetada a Margot por tratar de sobrepasarse con Patricia. Margot me miró raro pero no dijo nada y una de las guardianas le preguntó que si eso era verdad. Margot les dijo que sí, que yo la había golpeado pero no porque ella se hubiera querido sobrepasar con Patricia sino porque yo estaba celosa… Entonces le preguntaron a Patricia su versión y ella me miró como pidiéndome perdón con los ojos, como diciéndome que entendía lo que yo estaba haciendo por ella… Al fin de cuentas, yo nunca podría salir anticipadamente por buen comportamiento, por lo que yo ya había estado dos veces en solitario, en cambio ella nunca había estado…      –Entonces te echaste toda la culpa –la interrumpió Santiago.      –Exacto –Carrie arrugó los labios–. Pati dijo que sí, que eso era lo que había pasado y eso dio para que las guardianas me agarraran y me echaran a la celda de castigo… Como era mi tercera vez, me dijeron que estaría ahí un mes…      –¡No lo puedo creer! ¿Pero solo por eso? –Santiago sintió la indignación que nunca antes había experimentado.      –Como dicen ellos, mi prontario ya era extenso      –Prontuario –la corrigió Santiago.      –Eso, prontuario –repitió ella con algo de dificultad.      –Pobre tú, es que estoy aterrado de tanta injusticia junta –Santiago pasó las manos por su cabello mientras meneaba a cabeza mirando hacia abajo.      –Solo podía salir a ducharme, y eso dos veces a la semana, pero creo que para ese momento yo había entrado en un estado de… abandono, como que ya no me importaba nada. Sabía que a mi familia no le importaba, solo Sharon me visitaba, creo que me quería morir, pero no suicidarme, solo morirme, como que ya no encontraba razón para seguir viviendo… Lloraba mucho y lo único que me consolaba era que había hecho una buena obra por Pati, la había salvado de que perdiera su record de buen comportamiento, ya sabes… Es que no se puede comparar una condena de dos años, como la mía, con la de ella de diez años, y que también era una injusticia –Carrie pasó saliva antes de tomar un sorbo de su gaseosa.      –Sí, no se puede comparar… –fue cuando Santiago pensó que su vida había sido demasiado fácil en comparación con lo que otros, casi de su misma edad, habían tenido que vivir o estaban viviendo. Su año de intercambio había sido duro, sin amigos en la escuela, muy pocas salidas, lejos de sus seres queridos, pero era como una vacación en Hawái si se comparaba con las historias de estas niñas.      –Ahí encerrada en esa celda de castigo me dediqué a lo mismo que había hecho la última vez, repasar lo que había aprendido de español, era lo único que divertía mi mente…      –¿Y te dejaron encerrada todo el mes?, ¿o solo fue por asustarte?      –Todo el mes, esas mujeres eran crueles, sobre todo dos de ellas, aunque supongo que las demás solo se limitaban a cumplir con su trabajo… El caso es que cuando salí me llevaron directo a la oficina de la psicóloga de la prisión, yo ya la conocía en unas charlas que nos daba una vez a la semana sobre diferentes temas, pero nunca había estado a solas con ella. Era una señora como de cuarenta años, se podría decir que la única cara dulce que existía entre los que dirigían aquel sitio, y creo que gracias a ella fue que todo empezó a cambiar…      –Entonces supongo que era buena psicóloga…      –Sí… Ella me preguntó qué era lo que me pasaba, que porqué me gustaba estar visitando la celda de castigo… Y creo que cuando le conté mi versión de lo que había pasado la tarde en que nos detuvieron a la salida de la escuela, de toda la injusticia que se había presentado conmigo,  fue la única que me creyó… No sé por qué lo hizo, antes nadie lo había hecho…, supongo que porque la mitad de la historia se la conté mientras lloraba…      Santiago tuvo que recordarse una vez más que lo mejor era escuchar de una vez por todas, así fuese duro y difícil, todo lo que a Carrie le había sucedido; sería la única manera de poderla ayudar a superar lo que podría llegar a convertirse en un enorme trauma.      –Pero sí–continuó ella con la mirada perdida–, a partir de ese momento todo empezó a cambiar. Pero no fue por los consejos que me dio, fue por lo que ella empezó a hacer pos su lado. Se puso en contacto con el fiscal del distrito, le habló de mí, de todo el caso, de Greg y Julie y de la forma como las cosas se habían dado, de lo mal que el juez Carver había llevado todo… Le habló de mi perfil psicológico, del de Julie, diciéndole que no era lógico que niñas como nosotras estuviéramos envueltas en cosas de drogas, que se había cometido una injusticia con nosotras, pero sobre todo conmigo…      –Es que Julie, así no fuera traqueta, era medio culpable.      –¿Traqueta? ¿Eso qué es? –preguntó Carrie sin disimular la diversión que le produjo aquel término.      –Es como los que negocian con drogas…      –Sí, ella no era traqueta, pero sí era una imbécil.      –Por eso digo que aunque no fuera traqueta, se merecía lo que le pasó por no decir la verdad –dijo Santiago antes de darle un sorbo a su gaseosa.      –No sé cómo la psicóloga logró llamar la atención del fiscal, pero supe que volvieron a hablar con Greg, allá en la prisión juvenil de los hombres. Lo empezaron a investigar más a fondo y vieron que él podría tener los lazos que lo unían a los peces más grandes, los que reparten la droga por todo el estado. Después de un mes llegaron a la conclusión de que él era el verdadero culpable, el que en verdad estaba metido en el negocio, aunque eso no nos salvaba todavía ni a Julie ni a mí…      –Supongo que las seguían viendo como sus cómplices…      Exacto, pero gracias a la insistencia de la psicóloga, el fiscal le dijo a Greg que si le daba la información de la gente que le surtía la droga y si decía cuál era el verdadero envolvimento que…      –Nena, se dice envolvimiento.      –¿Nena? ¿Eso es como baby?      –Algo así, en este caso es como cuando ustedes dicen > o >.      –Me gusta eso –dijo ella al tiempo que le daba un pico en los labios.      –Tú vas a ser mi nena, ¿cierto?      –Voy a ser todo lo que tú quieras –ella pasó su mano suavemente por la mejilla de Santiago para terminar dándole un prolongado beso.      –Greg, sabiendo que podía salir beneficiado, porque el fiscal le dijo que por su colaboración rebajarían su condena, o la suspenderían –continuó ella con su relato apenas se separaron–, pero él con el susto de una venganza por parte de los trequetos…      –Traquetos –la corrigió él.      –Gracias por corregirme, pero bueno, este tipo tenía miedo de la venganza, pero el fiscal le ofreció convertirlo en  lo que ellos llaman > y ahí entró nuevamente la psicóloga a actuar. Ella se tomó el trabajo de visitar a Greg y convencerlo que era lo mejor, que de seguir como iba terminaría muy mal… Entonces él aceptó decir la verdad sobre nosotras y les dio la información de los contactos.      –Y supongo que por eso las dejaron salir antes…      –Más o menos… Bueno, ahí se dieron cuenta de que yo era inocente, pero me da rabia pensar que a pesar de todo se demoraron como tres semanas para llevarme, y con todas las cadenas puestas cual animal salvaje, de nuevo a la corte… Pero esta vez no era el maldito juez Carver, era una juez… A Julie también la llevaron, y esa fue la segunda vez que hablé con ella. En la camioneta que nos llevaron le dije que debía decir la verdad, que las dos saldríamos ganando con eso, que Greg ya había aceptado decirla. Ella seguía un poco insegura, decía que a pesar de que la prisión era el peor de los infiernos, al menos en un poco más de un año estaría libre y no tendría que lidiar con la reacción de Greg o alguno de sus secuaces. Yo le rogué, durante el resto del camino, para que aprovechara la oportunidad, que dejara de pensar en ese tipo, que nunca lo iba a volver a ver porque a él, por aquello de estar en el programa de protección de testigos, le iban a cambiar el nombre y lo llevarían a vivir a otro estado. Creo que eso sirvió para convencerla, además de que la verdad es que ella cada vez la pasaba peor en ese sitio, cada día la trataban más mal que en el anterior, era una locura…      –Pero se lo merecía.      –No lo dudo… En la corte Greg dijo la verdad, y le dio al juez los nombres de sus proveedores… Julie también dijo la verdad, pero sacó la disculpa de que había estado asustada y confundida y que por eso había mentido y me había echado la culpa a mí. Al final, la juez me pidió disculpas en nombre del sistema judicial, del estado, de todo eso… y me dijo que quedaba libre inmediatamente…      –Menos mal se hizo justicia, o como dicen aquí en Colombia: >.      –Sí, no te imaginas el alivio que sentí, la felicidad me invadió y hasta se me salieron las lágrimas… Pero a Julie, por haber dado falsas declaraciones en el primer juicio y como no tenía ningún arreglo con la fiscalía, no la quisieron soltar ahí mismo. La juez le dijo que aunque no era culpable de posesión y venta de drogas, mentir en la corte era un delito y le dijo que se tenía que quedar seis meses más, que estaba muy mal que por sus mentiras hubieran terminado condenando a una persona inocente…      –¿Entonces ella sigue allá?      –Claro, pero al menos le rebajaron la pena como en siete meses.      –Lo que no entiendo es que si ella también era inocente de lo de las drogas, pero culpable en lo de mentir en la corte, ¿en todo caso ya no había pagado suficiente tiempo?      –Es que lo de mentir en la corte bajo juramento te puede dar entre tres y cinco años, me dijo la psicóloga, pero a Julie por ser menor de edad no le dieron tanto.      –Entiendo… ¿Y qué pasó con Greg?      –Quedó libre pero bajo el programa de testigos protegidos, entonces no volví a saber de él.      –¿Y ahí fue cuando tu mamá te estaba esperando afuera?      –No de la corte, mis papás ni siquiera fueron ese día. Yo quería ir de vuelta a la prisión a recoger mis cosas y despedirme de Patricia. La psicóloga me llevó en su auto. Recuerdo que justo íbamos detrás de la camioneta en que llevaban a Julie…  Me devolvieron mi ropa, todas mis cosas que me habían quitado al llegar allí, me cambié, me despedí de Patricia, las dos llorando como nunca, ya te imaginarás… y al salir fue cuando me estaba esperando mi mamá, gracias a que la psicóloga le había contado que yo ya estaba libre.      –¿Y te despediste de Julie?      –No, me dijeron que en el camino de regreso se había puesto muy mal, por lo que ella creía que iba a salir inmediatamente, así como yo, y que no paró de darle golpes con los pies a la camioneta… Entonces cuando llegaron la mandaron directo a solitario.      –A pesar de todo, y del mal que te hizo, me da un poco de pesar… –Santiago arrugó los labios, su mirada enfocada en los ojos claros de ella.      –A mí también, además porque el verdadero culpable de todo era Greg… Julie solo es una estúpida que se dejó dominar por él. 
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