47 Desde su llegada a Santa Marta se había sentido mejor que nunca. Aquella sensación de encontrarse de vacaciones, de disfrutar del mar, de la piscina del edificio en que vivía, de las parrandas en la playa, de las fiestas con sus amigos, pero sobre todo de lo más reciente e importante, la llegada de Carrie, lo habían llevado a creer que se encontraba en el paraíso. Pero después de la discusión de aquella tarde sintió que solo quería salir corriendo de aquel lugar. Aquella enorme ilusión, de lo que pensó sería su primer amor, la acababa de destruir aquella niña, gracias a su comportamiento que rondaba las fronteras del histerismo, además de las duras palabras que había utilizado Él no tenía la culpa de la injusticia cometida por el juez Carver, tampoco de la rigidez del padre

