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2776 Words

63          Al bajarse del taxi, algo le ordenaba correr lo más rápido posible, como si una voz interior le advirtiera el no tener derecho a perder ni un solo segundo. Pero el vigilante de la portería de Arenas Blancas no lo dejó entrar, a pesar de sus ruegos y explicaciones acerca de encontrarse ante una situación de vida o muerte. El hombre se limitó a llamar al bungaló de la profesora de inglés y al no obtener respuesta alguna confirmó su ya tomada decisión.      –¿Puede llamar a algún jefe suyo, como a un supervisor o algo así? –era la única opción aún disponible.      –En las oficinas no hay nadie, ellos cierran a las siete… –sin embargo el vigilante volvió a tomar el citófono para regresarlo a su puesto unos segundos después.      –No contesta nadie, es que ya es muy tarde –d

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