Al caer la noche los habitantes nos dijeron que podríamos quedarnos en una pequeña y muy descuidada casa que estaba colocada cerca de la puerta principal, al entrar parecía que aquí había vivido alguien con anterioridad por como todo se encontraba y que nos la hayan ofrecido me hacía preguntarme que sucedió con esa persona, aunque solo por si acaso no quise preguntar… Creo que hay ocasiones donde la duda es mejor que la respuesta.
- Este sitio no deja de sorprenderme. – Escuche decir a Rojo que se encontraba platicando con Aka. – Es evidente que todos ellos viven en un estado muy lamentable y aun así pueden sonreír como si eso fuera nada.
- Escuche a uno de ellos decir que fueron maldecidos por un hombre… - Aka se quedó en silencio un momento y después comenzó a gritar completamente enojado. - ¡Ese estúpido humano ha estado yendo y viniendo para todos y de todos lados solo para causar miseria y traerles problemas a las personas o animales! – Se detuvo unos segundos para tomar aire y continuo. - ¡Me tiene completamente harto tener que fingir que solo soy un ave y no hablar cuando sé que puedo hacerlo porque si lo hago todos se asustan y piensan que somos un demonio o algo peor! – Volvió a detenerse pero ahora continuo de forma más tranquila. – Hasta ahora… Solo ese sujeto nos ha tratado de forma amable, sé que se sorprendió cuando nos vio, pero aun así míranos. – Se detuvo y pude escuchar cómo se acercó a mí, pero yo fingía que dormía. – Aquí estamos acompañándole.
Después de eso, ellos continuaron platicando de aventuras que tuvieron antes de poder hablar, y parece ser que han estado juntos desde el primer día de nacidos, aunque curiosamente nunca escuche algo referente a que sean hermanos… Sin darme cuenta me quede completamente dormido, mi cuerpo sentía frio pero a la vez esto no me hacía temblar o me incomodaba, era como si esa extraña espada me estuviera abrazando, con un frio pero irónicamente cálido sentimiento, esto solo me hace pensar que mi mejor amigo sigue conmigo a pesar de que su cuerpo haya partido a un sitio donde no puedo alcanzarlo.
A la mañana siguiente todo era silencio, las risas y murmullos que se escuchaban el día anterior habían desaparecido pero aquel frio que sentí permaneció, abrí los ojos los talle levemente y camine hacia la puerta para mirar que había sucedido y antes de salir mire a Aka y Rojo volando en la puerta mirando fijamente hacia afuera, la luz golpeo mis ojos obligándome a cerrarlos por la incandescencia y cuando pude volver a abrirlos pude ver a todos los habitantes fuera de esa pequeña casa, realmente a todos acomodados en una especie de media luna circundante que rodeaba la puerta y se extendía varias filas hacia atrás hasta donde todos los habitantes cupieron, todos se encontraban de rodillas con su cabeza sobre el dorso de sus manos posadas en el suelo, el que había dicho antes que era el líder alzo su cabeza estando justo al centro de todos y mirándome dijo: “Estamos seguros que puedes ayudarnos, si esta en ti hazlo.” No entendía a que se refería, o al menos no hasta que di unos pasos por fuera y regrese la mirada atrás; la casa que me habían prestado estaba completamente congelada, un hielo de un grosor quizás de 10 centímetros la cubría por completo y se alzaba con picos aleatorios varios metros más arriba, me metí a la casa rápidamente y vi a aquella hermosa espada clavada justo al centro y de ella salía todo aquel hielo, la saque y apenas hacerlo todo ese hielo se derritió inmediatamente regalándoles a estas personas algo que sin darme cuenta les hacía falta, agua. Al principio pensé que me pedían ayuda para romper la maldición y liberarlos de su pobreza extrema, pero después de ver esa escena me di cuenta de que en realidad lo que pedían era una segunda oportunidad para volver a tener algo en la boca. Camine de nuevo hacia afuera con mi arma en la cintura la cual emanaba un curioso vapor de agua congelada y fui hacia aquella montaña, ahora más que nunca estaba seguro que podía ayudarles, lo sentí ayer y hoy no había ni un solo ápice de duda.
Aka y Rojo quisieron seguirme pero les dije que mejor se mantuvieran aquí en el pueblo, no sé qué es lo que vería allá y si de algo puedo estar seguro es que puede ser peligroso… Yo quizás pueda defenderme de aquello aun y cuando aún soy un novato con mi magia, pero aún me queda mi habilidad con la espada, entonces el riesgo que corro es menor, ellos por otra parte no estaría tan seguro, Aka como es de suponerse refunfuño hasta que se cansó pero después Rojo le hizo entender la situación y decidieron hacerme caso y se quedaron en el poblado. El trayecto a la montaña la verdad es que no era muy complicado, de hecho todo lo contrario, todo el camino fue muy sencillo y con una gran variedad tanto de flora como de fauna, lo difícil era escalar hasta aquel sitio pues no se veía de alguna manera un camino el cual tuviera que seguir y aunque intentara rodear la montaña además de que me consumiría demasiado tiempo quizás no lograría encontrar alguna forma de escalarla de forma sencilla, por lo que con la peligrosa imagen que tenia de frente decidí mejor intentarlo así, cualquier cosa estoy seguro de que puedo utilizar mi magia de agua/hielo para ayudarme de alguna manera, solo tenía que aprender a hacerlo.
Justo como imagine en ese momento intente concentrarme para crear “escalones” de hielo que me ayudaran a subir hasta la cima, y aunque fue muy difícil al inicio, después de varios intentos, caídas y sangre derramada pude aprender a utilizar esta magia para llegar de forma rápida a la cima; en la cima el frio cubría mi cuerpo pero justo como antes en la casa congelada este no me afectaba lo único que sucedía es que podía ver como mi piel se tornaba de un curioso color más azulado, creo que porque se estaba congelando pero yo no perdía ni mi movilidad, resistencia o sufría algún cambio que me afectara lejos de algo meramente estético. Frente de mí una cueva cuya entrada no tenía un gran tamaño me invitaba a entrar, pase confiado y la magia comenzó a hacerse presente, la entrada detrás de mí comenzó a solidificarse y la parte frente de mi a expandirse demostrando una cueva con una dimensión exageradamente elevada, por el interior absolutamente todo estaba cubierto de hielo, excepto el suelo en el cual había pasto color azul que se movía como si una brisa de aire lo estuviera moviendo pero yo no podía sentir nada.
Avance por todo este sitio el cual no parecía tener fin y poco a poco comencé a escuchar cosas, un silbido invadía mi sentido de la escucha y me indicaba el camino con una precisión casi completa, al seguir este silbido llegue a lo que pensaría era la “salida” de aquella cueva, el pasto azul se extendía hasta el infinito, el cielo se mantenía cubierto por unas nubes que dejaban caer lentamente copos de hielo y por fuera no se veían montañas, aves, animales, flores o algo que no fuera esto que ya he mencionado, bueno… El suelo comenzó a temblar de forma consistente como si algo gigantesco estuviera caminando, yo ya había salido de la cueva desde hace tiempo y estaba ahora en aquel gran prado “congelado” pero por más que giraba la cabeza no podía ver que era aquello que hacía temblar el suelo, después frente de mí una imagen comenzó a hacerse visible, un león de quizás 2 metros de alto y 3 y medio de largo o más se presentaba frente a mí, me miraba con ojos despreocupados pero no intentaba atacarme.
- ¿Qué haces aquí? – Preguntó con una voz seria y malhumorada.
- No lo sé… - Le respondí con algo de vergüenza.
- ¿Te han enviado los enanos? – Curiosa pregunta si he de decirlo…
- No del todo. Aunque si he venido por ellos. – Este león me recuerda de alguna manera a Rojo y Aka, aunque no solo por el hecho de ser un animal que puede hablar, sino por algo diferente que no logro saber que es con exactitud. – He venido a romper la maldición que mora en este sitio.
- ¿Entonces planeas asesinarme? – Preguntó seriamente, su temple no cambiaba y a pesar de él mismo haberme dado la respuesta no parecía asustado o agresivo.
- ¿Debo hacerlo? – Le cuestioné con pesar… Pues no quiero quitarle la vida a un ser vivo.
- Si quieres liberar a esos enanos de la maldición que aquel mago les ha impuesto la única forma para ello es eliminar los sentimientos que les fueron arrebatados, esos sentimientos se encuentran dentro de mí y como he dicho… Si planeas salvarlos deberás matarme.
Algo me inquietaba, este león hablaba de matarlo como si fuera nada y no solo eso parecía conforma con ello y no parecía dispuesto a luchar.
- ¿No quieres vivir? – Le pregunte muy sorprendido…
- Yo no estoy vivo. – Me contestó de una forma muy fría se dio la vuelta y camino algunos pasos hacia atrás, se echó en el suelo girando una vez más para mirarme. – No sé si te has dado cuenta pero en realidad yo soy un recipiente, no un ser vivo. Solo que esos sentimientos que corrompían a los enanos, eran tan fuertes que terminaron por darme algo similar a la “vida”, pero antes de que pienses erróneamente. Recuerda que no existe ningún hechizo capaz de otorgar vida, y es esa la razón por la que insisto al mencionarte que yo no estoy vivo, podríamos decir que solo estoy consciente.
- Pero no quiero herirte… Aun y cuando me has repetido varias veces que no estas vivo, el simple hecho de que hables conmigo me hace pensar que si tienes vida y no quiero arrebatártela.
- Entonces márchate, pero si no lo haces la maldición que yace sobre los enanos nunca desaparecerá, la única forma en la que puedes liberarlos es deshaciéndote de mí, y justo como puedes ver, no intentaré luchar. Siempre supe que este día llegaría y aunque pensé en defenderme esa espada que cargas en tu cuerpo me hace pensar que no debo hacerlo sino al contrario, respetarte como un sujeto por encima de mí y uno al cual debo obedecer sin importar que.
- ¿Esta espada? – Estaba bastante confundido… No sé dónde la habrá fabricado Mhelow, pero parece ser que guarda muchos más secretos de los que parecía guardar en un principio… Saque esa espada de su vaina y el brillo que vi al inicio la primera vez que él tome se hizo presente pero con más fuerza. – No quiero lastimarlo…
Al decir esta frase la espada comenzó a congelar mi mano, pero fuera de lo que parecía no me hería, solo podía sentir como esta mano se endurecía a causa del hielo y perdía (muy levemente) la movilidad. Mi mano se aferró por su propia voluntad a la espada y comenzó a empujarla intentando obligarme a ir hacia aquel león el cual mantenía ahora sus ojos cerrados y no me dirigía la palabra, yo forcejeaba con mi propio cuerpo para que no lo hiciera pero no pude frenarlo, y luego de unos minutos de constante intento por frenarlo mi cuerpo se terminó cansando y cediendo ante este impulso que quería atravesar al león… La espada se incrusto justo en donde el corazón se encuentra y el león mantuvo los ojos cerrados en todo momento solamente diciendo al final: “Gracias”. No pude comprender por qué me estaba agradeciendo pero al mismo tiempo todo un cumulo de sentimientos invadieron mi pensar, eran tantos que pensé que me volvería loco y sin pensarlo dos veces lance la espada al suelo y comencé a gritar muy fuertemente, tanto que después de unos pocos segundos mis cuerdas vocales se desgarraron y perdí la voz, pero aun así yo continuaba expulsando todo el aire a causa de ese “grito” El sitio comenzó a cambiar, todo el hielo que cubría el mundo se comenzó a comprimir y a “meterse” dentro de esa espada, las nubes del cielo dejaron de hacer nevar y poco a poco bajaban mezclándose con esa extraña espada, al final el sitio se veía exactamente como la montaña que vi en un principio, solo que ahora ya no se encontraba completamente congelada, lo único que no cambio fue el pasto que aun cubría una gran extensión y se seguía viendo de ese color azul que asemejaba el hielo. La espada incrustada en el suelo frente a mi había absorbido la maldición por completo, o al menos eso es lo que pensaba por lo que miraba.