CEGADOS POR LA ENVIDIA Y AVARICIA

1514 Words

Y así, en la penumbra de la cabaña, Freya compartió sus pensamientos con su madre, como si las paredes mismas pudieran transmitir sus palabras. “Deseo que nuestro pequeño tenga tus ojos”, susurró. “Y sé que estás aquí, guiándonos.” El retrato pareció asentir, como si aprobara la elección de Freya. Las lágrimas ya no eran de tristeza, sino de gratitud. Freya sabía que su madre estaba allí, en cada hoja del diario, en cada nota de la caja de música, en cada rincón de la cabaña. Y mientras el sol se ponía afuera, Freya sostuvo el retrato contra su pecho y prometió que su hijo crecería rodeado de amor y recuerdos compartidos. La cabaña, con todos sus secretos, se convirtió en un santuario de familia y esperanza desde ese momento. —Hija, es tarde. —¡Lo siento! Me perdí entre tanto recuerdo.

Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD