Recostado y aburrido escucho a los doctores y enfermeras pasar por el pasillo de la habitación en la que me encuentro, y me empezaba a frustrar escuchando la televisión transmitir nada interesante y por no tener nada que hacer. Dos días han pasado ya, los médicos querían mantenerme en observación y hacerme más estudios para estar seguros de que estoy fuera de peligro ahora que estoy despierto, no me gustó la idea de quedarme más tiempo pero papá insistió y quería que él estuviera tranquilo.
Me dijo mi padre que desde que me encontraron estuve un día inconsciente, no reaccionaba, que no estaban muy seguros desde cuándo estuve así en el bosque o si estuve ahí todo el tiempo que estuve desaparecido, todo lo que no recuerdo es precisamente lo que pasó durante mi desaparición, lo que es un misterio para todos.
Ya van seis días desde mi incidente hasta el día de hoy, pasaron rápido los días; papá ha pedido tiempo libre en su trabajo tras mi desaparición y el tiempo que he estado recuperándome después de despertar; me comentó; la policía quiso verme para declarar sobre lo sucedido “en la brevedad de lo posible”, les dije que no recuerdo nada pero es parte del protocolo hacer preguntas si queríamos que continuaran con la investigación, no pude darle mucha más información de la que le he dado a mi padre pero estuve dispuesto a cooperar; la escuela, me dijo que les informó de mi situación y, al tratarse de las últimas semanas del año, me dieron la oportunidad de entregar trabajos especiales para recuperar puntos de mi ausencia en las clases y realizar los exámenes finales en la última semana.
¿Me molesta faltar a clases? No, pero al menos es la última semana de clases, dentro de unos días serán vacaciones de primavera, tres semanas, igual nos dejarán trabajos, que buenas vacaciones tendré.
No estoy muy seguro qué sucedió con mi celular. Al buscar algo con qué distraerme mientras papá regresaba encuentro unas revistas sobre un mueble, la mayoría de moda, por lo que he visto en sus portadas; una de hasta abajo llamó mi atención, ya que en su portada había un artículo sobre los fantasmas y espíritus.
A lo largo de mi vida me han ocurrido eventos relacionados con lo sobrenatural o paranormal, aunque se puede decir que sucesos así forma parte de mi día a día, sean sueños, o más bien pesadillas; cosas que se mueven solas, no solo en mi propio hogar, sino en cualquier parte en el que me encuentre; pero nunca he visto un fantasma, es decir, algo que se materialice en frente de mis narices, lo cual agradezco. A todo lo que me ha ocurrido, y lo que me sigue pasando, me gusta buscarle una explicación lógica, para no inquietarme.
No tengo nada más divertido que hacer, así que busco la página donde se encuentra el artículo y lo comienzo a leer.
«Escépticos y creyentes se enfrentan en la gran discusión sobre la existencia de los espíritus, mejor conocidos como fantasmas. Todos alguna vez hemos hablado y debatido sobre esto, los escépticos se aferran a teorías científicas basadas en la psicología o las neurociencias, argumentando sus posturas, dudando de la veracidad de fotos y/o videos en las que supuestamente aparecen presencias del más allá como rostros, luces o anomalías visuales inesperadas en las imágenes; mientras que los creyentes de la existencia de entes paranormales tienden a acusarlos de tener miedo, y tener sus propias teorías un poco más espirituales.
Un creyente puede fortalecer sus argumentos con base a variedad de imágenes recolectadas a lo largo de la historia donde se pueden identificar objetos o presencias inexplicables, así como psicofonías.
Mientras que un escéptico se aferrará a un pensamiento frío y enfocado en la ciencia, lo que ha sido comprobado y demostrado científicamente, usando como argumentación, con ayuda de la psicología, que todo está en la mente, que éste representa los miedos en cosas cotidianas, a tal punto de creer que es algo paranormal. Sin mencionar miedo hacia algo que es desconocido para cualquiera.
El contexto de los sucesos paranormales cuenta mucho, no es lo mismo escuchar risas de bebé a las tres de la tarde que escucharlos a las tres de la mañana, o escuchar voces en una cafetería que en una casa totalmente sola y aislada.
Pero al fin y al cabo, cada quien es dueño de su propia opinión y creencia.
La mayoría de las personas prefiere creer desesperadamente en la vida después de la muerte, y el hecho de que existan los fantasmas, por mucho miedo que pueda producir, parece ser el mejor apoyo para esa creencia.»
Después de terminar de leer dejo la revista donde la encontré y me pongo a pensar sobre el tema, sobre los fantasmas. Me considero neutral, a pesar de que nunca he visto a uno, puede que existan entre nosotros, aunque no se muestren, quizá se manifiestan de otras formas, cosas raras han pasado en mi casa, a veces escucho ruidos que intento ignorar, todo puede tener una explicación.
Lo más aterrador que me ha pasado fue durante una parálisis del sueño, cuando no puedes moverte, ni hablar o gritar, en el punto que se está medio consciente, más comúnmente cuando estás por dormir o por despertar; me encontraba recostado boca arriba en mi cama, tratando de conciliar el sueño, enfrente de mi cama se encuentra la puerta de mi habitación, como siempre, estaba cerrada, permitiendo que me envolviera la oscuridad.
Trataba de mantenerme tranquilo hasta que pasara, no era la primera vez que me pasaba, pero no tenía ni idea que sería la que más me iba a afectar. Durante la espera sentía el característico hormigueo por todo el cuerpo, hubo un instante en que pude abrir los ojos.
Transcurrían lo que parecían minutos cuando comencé a escuchar ruidos, pude identificar algo parecido a pasos sobre la madera del pasillo, "puede que sea papá" pensé, pero estos eran lentos, como si el que los provocaba intentara que no me diera cuenta de su presencia, en ese momento agudicé mi oído y presté atención a todo lo que mi campo de visión me permitía, ya que no podía ni girar ni alzar mi cabeza.
Comencé a escuchar los pasos más cerca, deduje que quien sea que estuviese afuera se estaba acercando a mi habitación. Esta hipótesis se confirmó cuando miré una sombra por la ranura debajo de la puerta, en ese momento sentí mi corazón acelerarse, chocando contra mi tórax. Intenté moverme de una vez por todas, trataba de levantarme, girarme, levantar un brazo o los dos al mismo tiempo, trataba de gritar para alertar a papá, aun sabiendo que nada funcionaría seguí intentando, sólo quería que pasara rápido.
Mientras luchaba no despegaba la vista de la puerta ni de la sombra que estaba estática del otro lado de la puerta, pero de un momento a otro noté que la cerradura de la puerta comenzaba a moverse, iba a entrar. El pánico me invadió, pedí con todas mis fuerzas que fuera mi padre. Estaba abriendo la puerta lentamente, para asegurarse de no hacer ruido. No la abrió por completo, pero aún así la luz del pasillo podía entrar por el espacio de la puerta y la pared, lo cual me pareció extraño ya que se suponía que había alguien parado ahí, por fin comenzaba a poder mover los dedos de las manos, miraba la puerta abriéndose un poco más.
Cuando estaba a punto de ver quién o qué abría la puerta reacciono sentándome, por fin pude moverme y lo primero que vi fue la puerta abierta casi por la mitad. Aun con el control retomado mi voz no salió, tenía la respiración agitada; miré el reloj digital a mi lado que marcaban las 03:37 a. m.
Me armé de valor para levantarme y echar un vistazo al pasillo, no había nadie. Salí y me dirigí a la habitación de papá, abrí la puerta despacio para evitar despertarlo si es que dormía. Al tener un espacio para que mi cabeza entrara y me asomé, ahí estaba él, durmiendo. Unos minutos mirándolo pensando algo conmocionado decidí dejarlo, cerré la puerta igual de lento para que no crujieran las bisagras.
Regresé a mi habitación y me metí en la cama. Esa madrugada no pude volver a dormir.
Un sonido interrumpe mis recuerdos, tocan a la puerta un par de veces antes de ser abierta por el doctor Lynn.
―Hola, ¿cómo te sientes? ―me pregunta entrando a la habitación con mi expediente médico a mano, hojeando un poco.
―Algo mejor, aunque aún me duele el cuerpo. ¿Podré irme a casa pronto? ―pregunto entusiasmado, ya no quería estar aquí.
―¿Y tu padre? ―pregunta al no verlo presente.
―Fue un momento abajo, no me dijo muy bien a qué, pero dijo que volvería pronto ―le informo. En ese justo momento abren la puerta para aparecer mi papá, vaya, lo invoqué.
―Oh, hola, doctor, ¿qué pasa? ―cuestiona algo preocupado.
―Ahí está, ―Le sonríe en cuanto lo ve asomarse por la puerta―, sólo vengo a ver el estado actual de Samuel, para evaluar si ya se puede dar de alta o si necesitaria quedarse un poco más a recuperarse.
―Ah, adelante, entonces. ―Le permite al doctor hacerme las preguntas que sean necesarias.
―Bien, y ¿el dolor muscular que sientes te impide caminar o moverte? ¿Te duele mucho al hacerlo? ―cuestiona.
―Puedo caminar, sólo siento un dolor leve al mover algunas partes del cuerpo ―respondo sonando algo despreocupado, sí duele pero es soportable.
―¿Podría pedirte que lo hagas, por favor? ―pide expectante a obedecer su orden. Asiento y mi padre se acerca para ayudarme a incorporarme, me acomodo la bata y camino solo un poco por la habitación, hago una mueca de dolor por el agarrotamiento que siento en los músculos.
―Bueno, pues al parecer no hay daños graves en la cabeza, tus heridas superficiales son leves, con cuidados adecuados no debería de haber problemas de infección, te recetaremos algunos analgésicos y antiinflamatorios, así que..., podrás irte hoy mismo ―dice mientras hace anotaciones en los archivos, y me regala una sonrisa al finalizar sus indicaciones.
―Me parece bien, muchas gracias ―le agradezco aliviado
―Bien, pues necesito que tu padre firme algunos documentos y estará todo listo —se dirige a papá.
―Claro que sí, ¿puede ser ahora mismo? ―Accede acercándose al médico.
―Claro que sí, por si no nos vemos luego, fuiste un buen paciente, pero ojalá ya no verte por aquí como uno, no más incursiones al bosque, chico ―me dice con una sonrisa divertida, le respondo una risa entendiendo su advertencia.
Me pongo de pie y me dirijo hacia el baño. Miro mi reflejo en el espejo, unas tenues ojeras ya han aparecido, pequeños rasguños un poco enrojecidos se distribuyen en mi rostro. De repente, una punzada en mi hombro derecho me sorprende, al mover a un lado la tela de la bata veo que tengo un símbolo en mi piel... ¿acaso es un tatuaje?, o al menos lo parece. ¿En qué momento apareció?
Si papá lo hubiera visto, ya me hubiera echado la bronca.
Escucho afuera la puerta abrirse y oculto la marca.
―¿Samuel? ―pregunta papá al no verme.
―Aquí ―alzo un poco la voz para hacerle saber que estoy en el baño.
―Te traje algo de ropa ―me dice al otro lado de la puerta. Me aseguro que la marca no se mire a simple vista y me dirijo a la puerta, la abro para ver a papá con una mochila en las manos, me la extiende y la tomo agradecido.
―Gracias —digo con una sonrisa.
―¿Tienes hambre? —pregunta antes de que cierre la puerta.
―Pues no he desayunado, así que sí, un poco ―digo en parte de broma, la comida de hospital no es tan buena.
―Está bien, vístete, te llevaré a un lugar ―dice sonriendo―. Y no preguntes a dónde, porque es una sorpresa.
―¿A una feria? ―pregunto con sarcasmo, él suelta una pequeña carcajada y niega con la cabeza.
―Sólo apúrate ―Finaliza con media sonrisa cerrando la puerta del baño.
«Bien, no notó el "tatuaje"», pienso.
Cierro la puerta y me enfoco en la mochila, diviso unos jeans negros, una playera gris y una sudadera verde, los saco y entre ellos hay ropa interior, también veo al fondo unos tenis, un conjunto casual.
Me visto rápido. Ya empieza a notarse el clima templado, pero el viento se sigue sintiendo un poco frío. Abro la puerta y encuentro a papá usando su teléfono celular, voltea al escuchar las bisagras chirriar y se levanta.
―¿Listo? ―pregunta mirándome extrañamente entusiasmado.
―Sí… ―respondo un poco dudoso, él normalmente es muy alegre, sí, tanto que verlo serio te hace preguntarle si está bien, pero ahora se le ve muy contento, quizá porque quiere mantenerse positivo.
Antes de acercarme a él para salir de la habitación le echo un vistazo a la camilla, parece que papá la ha tendido un poco. Frunzo el ceño inconscientemente al ver la revista que he leído tirada bajo la camilla. ¿Cómo llegó ahí?, ¿se cayó?, ¿papá no la vio y la tiró por accidente?, ¿no se dio cuenta? Papá interrumpe mi desconcierto.
―¿Todo bien? ¿Te sientes mal? ¿Llamo al doctor? ―Me bombardea con preguntas, evidente preocupación en su rostro se aleja de la salida analizándome de arriba a abajo buscando una molestia.
―Sí ―respondo algo distraído―… no, estoy bien ―reacciono rápido a sus preguntas volteando a verlo y sonriéndole para despreocuparlo.
―¿Seguro? ―Otro cuestionamiento más.
―Que sí, ahora sólo tengo hambre ―Trato de ignorar el hecho de que la revista se ha movido de lugar, aunque quiero aferrarme a la teoría de que papá pudo haberla tirado sin querer.
―Bien, ―Acepta haciendo un rápido escaneo a mi expresión para relajarse un poco después―, vamos entonces. ―Abre la puerta y mueve su mano indicándome que pase primero. Me río un poco y paso a su lado.