Capítulo 5
Esto no da para más.
Bajando por fin del auto, Mateo se encamina a la puerta de su casa, donde el mayordomo se acerca para abrirle. Como siempre, él muy cariñosamente lo saluda y entra.
En el recibidor se empieza a quitar el saco, pero se detiene abruptamente cuando el hombre le dice:
-Su esposa está en la sala, señor, esperándolo. Ha estado allí desde hace tres horas.
Sin contestarle más que con un asentimiento de la cabeza, Mateo se termina de sacar el saco y se lo pasa al mayordomo, quien lo toma y se va de allí para darle privacidad con su esposa.
Sabiendo con claridad lo que se le estaba por venir, se toma un momento antes de dirigirse hacia la sala donde Estefanía lo esperaba.
Con paso firme, ella iba de un lugar al otro, completamente enojada. Al verlo entrar, con rapidez empieza a bombardearlo con las preguntas de siempre.
-¿Dónde estabas? ¿Sabes lo preocupada que estaba? No contestabas mis llamadas, ¿por qué? ¡Sabes como me pongo si no me contestas, me preocupó mucho!
La última palabra fue dicha con un chillido, demostrando lo atormentada que estaba al ver que nuevamente su esposo le había apagado el teléfono para no hablar con ella.
-Lo lamento, pero si no te contestaba era porque no quería hablar contigo.
Le dijo Mateo sin anestesia alguna, dejándola callada por un segundo, aunque no por mucho tiempo. Cuando se recuperó del momento de shock por las palabras de él, volvió al ataque, ahora con lágrimas en los ojos.
-¿Cómo has dicho? ¿Sabes lo que me lastima que me digas esas cosas? ¡Me rompes el corazón!
Le dijo para que él se sintiera culpable.
-Pues lo siento, pero en verdad me estás agotando la paciencia, Estefanía. Hago todo lo posible por comprenderte, pero estás llegando a mi límete.
-¿Yo te agoto la paciencia? ¿En verdad? Tú me lastimas con tu indiferencia y con tus malos tratos. Yo te amo Mateo, pero parece que tú ya no me amas.
Sin dejarlo hablar más, ella se va rumbo a las escaleras, un mar de lágrimas corriendo por sus mejillas para después entrar a su habitación dando un fuerte portazo que Mateo logró escuchar desde donde estaba.
Como él no quería volver a discutir con Estefanía, simplemente se fue a dormir a otra habitación, la cual estaba empezando a usar con regularidad. Estaba seguro de que no sería la última vez tampoco.
Tal vez mañana los dos puedan hablar en paz y puedan llegar a un acuerdo que logre acabar con esta situación que los lastimaba a ambos.
Acostándose porque estaba muy cansado, el sueño lo venció al poco tiempo. La noche tranquila que esperaba tener no fue lo que recibió.
Toda la noche soñó con los bellos ojos verdes de Sabrina, mirándolo como lo hacía cuando lo vio en el antro. Feliz y con algo extraño que hacía que él se sintiera cálido en todos lados.
Cuando abrió los ojos esa mañana, sabiendo que tenía que ir a la oficina, se levantó y se dirigió al baño para ducharse.
Al salir de la relajante lluvia artificial, después de secarse, se puso una bata y se fue a la habitación donde actualmente dormía solo su esposa. Abrió y se dirigió al closet donde se empezó a cambiar.
Una vez enfundado en un traje de diseño color n***o, salió de allí encontrándose a Estefanía, ya despierta pero todavía acostada en la cama.
-Hola cariño.
Le dijo ella con voz dulce.
-Buenos días.
Le respondió él, cortante, y salió de allí, dejándola enojada por como le habló.
Tratando de alcanzarlo y reclamarle por hablarle así, ella levantó de la cama y tras ponerse una bata salió de la habitación.
Al llegar al comedor, donde Mateo ya estaba sentado desayunando, agarró varias cosas de la mesa y las arrojó al suelo gritando.
-¿Qué crees que haces ignorándome? ¿No vez que me esfuerzo para que estemos bien y tú con esa actitud?
Mateo la ignoró por un segundo para mirar al personal que estaba allí presente y decirles que se fueran. Cuando ya ninguno de ellos estaba ahí, él habló.
-Entiendo que estés enojada, pero a mí no me hablaras de esa manera ni permitiré que hagas nuevamente un escándalo como el de recién delante de los empleados, quienes no tienen la culpa de nada para vivir esa situación.
Al verle la cara, Estefanía se dio cuenta de la magnitud del enojo que él sentía, por lo que tratando de hacer que se calmara, le dijo con voz suave.
-Tienes razón, cariño. Me he excedido, perdóname por favor.
Suspirando para tratar de calmarse lo más posible, Mateo hizo silencio durante unos segundos en los que ella estaba cada vez más nerviosa, apretando los puños sin saber qué le diría él. Estaba segura de que cruzó un límite con lo que había hecho, que él no le perdonaría.
Cuando Mateo la encontró engañándolo habían quedado en mantener la situación lo más privada que se podía, pero al haber hecho esto delante de los empleados había dejado ver que algo había pasado y eso le traería serios problemas a ella.
Mateo habló después de su gran pausa para decir de forma muy segura.
-Esto no da para más. Estoy superado con esta situación. A partir de este momento me mudaré al departamento que tengo en la empresa, no seguiré aquí para solo discutir contigo. Estoy muy cansado y no quiero seguir viviendo así.
-No, tú no me puedes dejar. Ya te pedí disculpas, ¿qué más quieres?
Preguntó Estefanía exaltada por lo que su esposo le decía.
-Si me lo estás preguntando, es que no entiendes nada. No quiero absolutamente nada, solo estar en paz y viviendo contigo, eso no es posible. Desde que me engañaste no logro verte igual y con tu comportamiento desde entonces solo me agobias.
-¿Tienes a otra?
Le preguntó, ya que para ella ese era el motivo de su distanciamiento.
-¿Escuchas lo que dices? Tú eres la que me fue infiel a mí, no al revés. Todo estaba bien entre nosotros y me engañaste. Metiste a otro hombre en mi casa, en mi cama.
-¡Ya me disculpé!
-Tus disculpas no borran lo que me hiciste.
Después de decir eso, se levantó de su asiento y se encaminó a la puerta de entrada, ya afuera lo esperaba el chofer quien lo llevaría hasta la oficina.