Esta es mi primera historia, así que por favor tengan paciencia. Este libro contiene desencadenantes de muchas formas de abuso, por favor, sepan esto antes de seguir leyendo. Este libro también se puede encontrar en Wehear desde la tienda de aplicaciones, disponible como un audiolibro.
Me despertó el dolor agudo y repentino de una mano agarrada en mi cabello, arrastrándome fuera de la cama. Me jaló como si fuera solo una muñeca de trapo mientras bajaba las escaleras. Aún medio dormida, intento que mi cuerpo haga lo necesario para encontrar algún tipo de equilibrio. Eso resulta ser imposible y siento cómo golpeo cada escalón al bajar.
—Ember, estúpida perra —gruñe—, ¿puedes hacer algo bien?
No es una pregunta que busque una respuesta, ambos sabemos la respuesta es: No. ¿Qué he hecho mal ahora? Lo descubro muy pronto. Ahora agarra mi cara, obligándome a mirar el fregadero en la cocina. Allí está su plato y tenedor de la cena. Otra vez no.
—No limpiaste tu maldito desorden y ¿crees que puedes simplemente irte a dormir? ¡Así no se hacen las cosas en mi casa!
Esos no son mis platos. Debe haber llegado tarde, comido y dejado allí. Papá bebe mucho. Pasa todo el día borracho, para ser honesta. Cuando llega a casa del bar, come y olvida que puso platos en el fregadero después de que ya me he ido a la cama. No digo nada de lo que pienso, si lo hiciera lo que viene después sería peor. Me golpea la parte posterior de la cabeza tan fuerte que mi cara se encuentra con la fría superficie de acero del fregadero. El golpe es tan fuerte que instantáneamente me mareo, cayendo de rodillas.
Sus ojos se tornan completamente negros, y sé que ahora estoy en problemas reales. De alguna manera logro cubrir mi cabeza antes de que los golpes de su pie caigan duros y rápidos. No sé cuánto tiempo me pateará. Quiero gritar, llorar de todo el dolor, pero no puedo. Si lo hago y despierto a alguien, si alguien escucha y se entera, eso es algo que simplemente no puede suceder. Nadie puede saber lo que sucede dentro de estas cuatro paredes, de este infierno que llamo hogar.
Después de que siente que he sido 'castigada' lo suficiente, me arranca del suelo y tira de mi cabello hacia atrás asegurándose de que le preste atención.
—Limpia este maldito desastre y aléjate de mí, asquerosa y sin valor.
Luego se prepara otra bebida, sale de la habitación y se va a ver televisión. Lavo el plato y subo las escaleras. Intento acostarme, pero no importa cómo lo haga, todo lo que siento es dolor. Son las 4:45 am ahora y ya puedo prepararme para ir a la escuela.
Abro la puerta de mi habitación y escucho a papá roncar. Bien, está durmiendo. Tomo mi ropa y me dirijo al baño. Enciendo la ducha y me desvisto mientras se calienta. Una vez que entro en el agua caliente, veo cómo la sangre es arrastrada por el desagüe, como si estuviera siendo borrada. Si tan solo el agua pudiera borrar también el dolor.
Salgo cuando el agua empieza a enfriarse. Me miro detenidamente en el espejo. La mayor parte de mi cuerpo está morado y n***o. Moretón sobre moretón. Las palizas son tan frecuentes que, incluso siendo un licántropo que sana más rápido que los humanos, no puedo sanar. Miro mi rostro y veo que la paliza de esta noche me ha dejado con una ceja partida, lo que hace que mi ojo esté n***o e hinchado. Genial. Papá normalmente intenta evitar mi cara. Supongo que estaba demasiado borracho para preocuparse esta vez. Intento cubrirlo con corrector, pero incluso con maquillaje no puedo ser bonita, aunque me tomara el tiempo de hacerlo. Como a mi papá y a sus amigos les gusta recordarme, me caí de la cima de un árbol y golpeé cada rama en el camino hacia abajo. No hay forma de arreglar eso. Necesito salir de aquí antes de que se despierte o me encerrará hasta que mi cara sane y como no puedo comer en casa, podría tardar aún más.
Tomo mi sudadera con capucha, mi teléfono, mochila y salgo por la puerta para hacer el viaje de seis millas a la escuela. El clima de octubre es perfecto para caminar. Está fresco pero no frío. Las hojas han comenzado a cambiar y caer. Me pongo los auriculares y empiezo a buscar en mi música algo que escuchar. Cuando no puedo decidir, lo pongo en modo aleatorio y dejo que el destino decida. La música es lo único que dejo que el destino elija por mí. Suena Hogar Roto, qué irónico. Al menos hoy tendré algo de paz. Me subo la capucha y comienzo mi caminata.