*Ember*
No dejé de correr hasta que llegué a la orilla del río. Me detuve y luego comencé a caminar lentamente hacia el tronco caído donde me gusta sentarme. Este es el único lugar donde siento algún tipo de paz, algún tipo de refugio. El río fluye más lento aquí sobre pequeñas rocas. El agua es tan clara que puedes ver directamente los guijarros en el fondo. Me encanta el sonido mientras corre y se rompe en las rocas, de vez en cuando incluso puedes escuchar a los peces saltando.
Mientras escucho los sonidos del río y el bosque a mi alrededor, pienso en los eventos del día. Vaya día el de hoy. No puedo creer que fui tan descuidada. ¿Cómo me quedé dormida tan profundamente? ¿Y por tanto tiempo?
Sé muy bien que el spray no cubre mi aroma tan bien ni por tanto tiempo como lo hacía al principio, pero ahora apenas dura una hora. No entiendo por qué. Debería durar al menos dos horas. Solo hay unas pocas razones por las que no está durando. La bruja que me lo vendió me dijo que a medida que envejeciera funcionaría cada vez menos porque entraría en la adultez donde mi aroma tendría más peso para encontrar a mi compañero. Luego estaba la posibilidad de que me estuviera acercando a mi primer celo. Espero que esa no sea la razón. Una vez que entre en celo, todos los machos alrededor lo sabrán. Hasta Blaze. No podré esconderme de ellos. Incluso mi propia biología me traiciona y me odia.
—Casi lo averiguó —dice Willow sin siquiera intentar ocultar su emoción.
—Lo sé.
—Lo va a descubrir pronto —Ella no se equivoca, ahora que la semilla ha sido plantada, él tendrá preguntas. Ella quiere tanto que Blaze lo descubra para poder estar con su compañero, pero no puedo permitir que eso suceda.
He estado escondiéndome durante cuatro años. Recuerdo la primera vez que lo vi. Todavía no sé cómo logré verlo y saber que era mi compañero y él no tenía ni idea. Supongo que realmente no valgo nada.
Mi primer día en Jefferson High. De alguna manera logré convencer a mi papá para que me dejara asistir a la escuela. Estoy de pie en la oficina cuando se abre la puerta y el aroma más increíble de sándalo y lavanda inunda la habitación y mi nariz. Giro la cabeza y veo al chico más hermoso pasar, su cabello de chocolate oscuro tiene tonos rojos, sus ojos tan claros y azules como las aguas heladas de Islandia. Es alto, al menos seis pies, y parece tan fuerte.
—Compañero.
Esa única palabra de Willow me envía al pánico. No puede ser nuestro compañero. Parece fuerte... Demasiado fuerte, nos hará daño... Incluso podría matarnos, y no necesitaría a su lobo para hacerlo. Decido entonces, que necesito averiguar cómo puedo esconderme antes de que me vea. Ese día, por primera vez, salí corriendo para esconderme de él.
Desde ese día, eso es exactamente lo que he estado haciendo. Tiene que poder oler y ver mis ojos para saber quién soy. Por eso tengo cuidado de mantener mi aroma cubierto y mi rostro escondido detrás de mi cabello y la capucha. Al principio, no sabía que él era el próximo Alfa, pero después de unos días de estar en el fondo del aula escuchando, no fue difícil descubrirlo. Una vez que lo supe, sabía que a medida que envejecíamos, solo mirarme podría desencadenar a su lobo. Así que hice todo lo posible para cambiar mis clases, llegar temprano, irme tarde, e incluso llegué a esconderme después de almorzar. Lo estaba haciendo bien... hasta hoy.
—No sabes si será como papá, podría salvarnos —gimotea Willow.
—Él es Alfa, será posesivo, y al menos el doble de fuerte... ¿Qué crees que va a pasar cuando rompamos las reglas o cometamos un error? ¿O qué tal cuando vea lo inútiles y feas que somos? ¿Qué pasa cuando estemos en el camino?
—¡No sabes que él será así! —me grita.
—Somos débiles. Hemos pasado hambre y hemos estado encerradas. Este cuerpo es asqueroso y está cubierto de cicatrices y moretones. Por el amor de Dios, ya ni siquiera podemos transformarnos, estamos tan rotas. ¿Qué tipo de compañero seríamos? Nada como somos ahora, tal como él nos ha hecho... terminaría golpeándonos o rechazándonos y lo sabes.
Todo lo que hace es quejarse, gemir en mi cabeza, hasta que se desliza de nuevo en mi mente. Ella sabe que tengo razón.
Saber eso solo me hace querer llorar. Aprendí a lidiar con ello. Al menos sé qué y quién soy, que no hay esperanza en este asunto. Honestamente, podría soportar las palizas, pero lo que no puedo manejar es el dolor mental de que me recuerden lo que soy para otra persona, especialmente alguien que se supone que debe amarme. Tal como se suponía que mi padre debía amarme. Como se suponía que debía amar a mi madre. Supongo que eso es lo que realmente es el amor, viene con dolor, huesos rotos, cortes y moretones.
*Blaze*
El día se arrastró dolorosamente lento. Envié a mi beta a casa para comenzar la búsqueda. La única razón por la que me quedé en la escuela fue para preguntar a todos si conocían a la chica llamada Ember con el cabello plateado. Rápidamente descubrí que nadie sabía quién era. Nadie parecía recordarla en ningún momento. Nadie... Esto me dio una sensación pesada.
—No soy nada, no soy nadie.
Pero ella no era nadie, ella era alguien.
Cuando entro por la puerta de la casa de la manada, me dirijo a mi habitación esperando a que Mark se una a mí. ¿Por qué no puedo sacar a esta chica de mi cabeza? Todo lo que vi de ella fue su cabello y dónde terminaba, en su trasero. Me sonrío a mí mismo pensando en lo perfectamente curvilínea que se veía desde atrás, caderas perfectas para agarrar y un trasero y muslos interminables. Todo lo que quiero hacer es agarrar y... rápidamente sacudo mi cabeza para alejar esos pensamientos. ¿Por qué estoy pensando así? Necesito enfocarme en descubrir quién es. Hubieras pensado que el cabello plateado me llevaría a alguna parte, no es normal... Me pregunto si es tan suave como parece...
¿Qué carajos me pasa?
—¡BLAZE! —Mark grita en mi oído.
—¿Qué? —le respondo cubriendo mi oído recién atacado.
—Amigo, te he estado llamando durante 5 minutos.
—Lo siento, hombre, no sé dónde tengo la cabeza ahora mismo —digo.
—Sí, lo sabes. Tu mente está en Ember —Haze corta mis pensamientos.
—Cállate, tú también quieres conocerla —le respondo a Haze.
—Sí, quiero. Yo... yo... yo...
—¡Suéltalo ya, Haze! ¿Qué te pasa hoy?
—Ella es especial, siento una atracción, la atracción, creo que es una compañera.
Me quedo impactado por sus palabras
—¿Podría ser?
—No lo sé con certeza. No pude olerla muy bien, necesito ver su cara, necesito conocerla —Haze me gime
—Así que su apellido es Ren. Tengo su posible dirección. ¿Quieres...? —Corto las palabras de Mark saltando, agarrando mis llaves y diciendo:
—Vamos.