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74 Como le sucedía a menudo, esa mañana Luigi Mazza se despertó después de haber soñado con los acontecimientos del accidente en el que se había visto involucrado. Preparó el café, que bebió junto con su hermano, luego comenzó a salir para su paseo habitual: se vistió adecuadamente para soportar el frío invernal que encontraría en el exterior y, sin que Mario lo viese, se metió en el bolsillo las llaves de su Seiscientos. Ya en la calle recorrió el carril bici y, siguiendo el itinerario que conocía, llegó hasta el edificio de Giovanni Armerini, se sentó en el banco cercano y se quedó a esperar. Tampoco aquel día sucedió nada de particular en el interior del edificio y, después de más o menos una hora, Mazza se levantó y volvió a casa. Durante el trayecto de vuelta se paró en el superme

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