(50) –¿No sé dónde demonios estamos? –Le dije con un poco de miedo al ver que no había nada en la carretera. Tomé mi celular y vi que estábamos cerca de un pueblo en Cuernavaca. –Estamos en Cuernavaca, creo que debemos de regresar a casa. –Le comenté mientras había posibilidad de regresar a la ciudad. –No. –Me responde el joven de inmediato. –Tengo una casa cerca, nos quedaremos ahí. –Dijo el muy testarudo prendiendo el auto y conduciendo a ese lugar que no conocía. La noche se hacía cada vez más presente, hasta que llegamos a una casa, que estaba algo escondida en un pequeño pueblo que a esa hora estaba vacío. Supe que estábamos en su casa, cuando vimos una clase de reja hecha con palos de bambú. William toco el claxon del auto y en unos minutos, las puertas de bambú se abrieron a

