CAPÍTULO 18 Salamanca, norte de Chile Abrí los ojos y me asusté. El lugar era desconocido para mí. No era mi cueva. Era un lugar distinto; una casa, con paredes de adobe, ventanas de madera y un techo que parecía llegar al cielo. ―Han pasado veinte años, Chilpilla, ¿algún día se acostumbrará a despertar en esta casa? Pareciera que cada mañana, al despertar, perdiera la memoria y tuviera que recordar y aprender todo de nuevo. Yo todavía estaba adormilada al parecer, porque no reaccioné de inmediato a aquellas palabras. Miré a mi lado a la ronca voz que me hablaba. ¡Un hombre en mi cama! Me aparté de él asustada. Me cubrí con la sábana, aunque tenía un pijama bastante más recatado que la ropa que solía usar en la isla. ¿Dónde estaba? ¿Qué había pasado? ¿Qué hacía acostada con un ho

