María, secretaria viciosa y sumisa Aquella tarde noche de final de enero hacia un frio extremo, desde el comedor de mi ático miraba la gente andar por la calle con sus anchos abrigos y bufandas, intentando resguardarse del intenso frio que asolaba el centro de Madrid. Ana, mi esposa, estaba de viaje con nuestros dos hijos, había salido aquella mañana dirección a San Petersburgo para pasar unos días allí y así que sus abuelos pudieran ver a sus nietos, ya que debido a la distancia no tenían mucho contacto con ellos. Aquella tarde en la oficina mí secretaria María me había puesto especialmente cachondo, sus continuas miradas provocativas y que se había presentado a trabajar con un vestido escotado y corto que le llegaba justo hasta la mitad de los muslos hizo que la polla se me pusiera mor

