Poco a poco nos fuimos adentrando en una vida más liberal, cuando hacíamos el amor, Alberto me decía al oído que me imaginara como sería tener otro pene para mí, yo le decía que sí, que me gustaría; porque sabía que era solo una fantasía que aumentaba su excitación; sin embargo en cada sesión de sexo las fantasías eran más frecuentes; él me pedía que le dijera qué haría si estuviese en la cama otro hombre, que le contara que haría, y poco a poco le fui proporcionado detalles de todo lo que me gustaría hacer, como tocar al otro hombre, quizás darle unos besos y hasta tocarle el pene con mis manos; me daba cuenta que cada vez eso excitaba más a Alberto, pero igual yo recibía más placer al contarle como llegaría a dejar que el otro hombre imaginario me tocara por todo el cuerpo y yo me dejarí

