Sexo y Amor «Le gusto. Me cago en la puta, yo le gusto». —Puedes tocarlas. Beatriz aun tenía sus manos puestas sobre el abdomen de Mauro y puedo sentir el sobresalto y la agitación del chico cuando este contrajo el vientre al oír cómo le daba permiso para tocarla. Las manos de Mauro se movieron tímidamente sobre la superficie de sus pechos sin atreverse a apretarlos. El chico sentía en las palmas de las manos la suave textura de los encajes de la prenda, interrumpida por las protuberancias que los pezones, excitados, marcaban en la zona frontal. Beatriz hizo lo propio con Mauro, deslizando sus dedos por el torso firme del chico, desplazando la camiseta hacía arriba hasta alcanzar sus prominentes pectorales. Las tetillas de Mauro eran de color oscuro y estaban presididas por unos pezon

