Luis tomó su v***a, la sacó de la panocha y la colocó en medio de las nalgas de mi esposa, era evidente que no creía yo que por las dimensiones pudiera siquiera intentar metérsela por ahí, (afortunadamente me volví a equivocar).
Una vez colocada su v***a en la entrada posterior de Yolanda, él la empezó a empujar poco a poco; a estas alturas mi esposa ya sabía cuales eran las intenciones de Luis: cogérsela por las nalgas, no mostró el más mínimo gesto de rechazo a ello.
A mi esposa le agrada que yo la penetre por ahí, sin embargo dada la diferencia de tamaño y grosor no pensé que fuera a aceptar que su amante lo hiciera también.
Luis siguió con lo suyo, empujando lentamente hasta detenerse al percibir que mi esposa dio una muestra de un poco de dolor al haberle entrado la cabeza de la v***a de su amante, sin embargo ella permaneció sin moverse ni decir nada, mostrando con ello que aceptaba lo que estaba por venir.
Él tampoco se movía, esperando a que ella se acostumbrara al instrumento que estaba entrando en medio de sus nalgas.
Era un cuadro perfecto, Luis encantado de estarse cogiendo a mi esposa por ahí y ella solo dando tiempo para que su cuerpo estuviera dispuesto a recibir la mayor parte posible de esa gran v***a.
En eso, yo me acerqué a Yolanda, la besé muy apasionadamente, ella respondió muy rico a mi beso. Yo aproveché para acariciarle la panocha, misma que estaba completamente húmeda y muy caliente, al meter mis dedos ahí, pude sentir la v***a de Luis, separada de mis dedos solo por algo muy delgado, parte del cuerpo de mi esposa.
Eso a ella le encantó y pude ver que también la excitó aun más de lo que ya estaba, tanto así que me pidió algo que de verdad yo no esperaba y ni siquiera había imaginado: me pidió que le mamara la panocha, de hecho a ella le fascina que se lo haga, incluso le he provocado varios orgasmos de esa manera, pero la verdad estas eran circunstancias muy especiales.
Debido a ello le pregunté: ahora mismo?, y ella me contestó muy segura: sí mi amor, ahora mismo, quiero sentir a los dos ahí.
Ella había hecho tanto no solo por disfrutar de todo lo que había pasado, sino también mucho al saber que yo igualmente lo estaba gozando, que a pesar de que su petición era de lo más inusual, decidí aceptar.
Me desnudé por completo, como pude me acosté de frente a ella pero al revés, es decir con mi cara cerca de su panocha. Luis aun sin moverse la tenía bien ensartada por las nalgas, le besé la panocha, pudiendo ver como nunca de cerca la parte de v***a que no estaba dentro de ella así como sus huevos.
Ella aprovechó para meterse mi v***a en su boca y empezar a darme una de las mejores mamadas que yo recuerde.
Empecé a mamar su panocha a pesar de lo cerca que estaba todo el instrumental genital de su amante.
La excitación subió de tono para todos.
Luis viendo que ella estaba aún más excitada, empezó a moverse lentamente introduciendo poco a poco algo más de su v***a en mi esposa y yo me dedicaba a tratar de darle a ella la mejor mamada de panocha posible y creo que lo estaba logrando ya que Yolanda estaba cada vez más caliente, lo que a mí por supuesto me encantaba,
Él la tomaba de la cadera y cada vez metía más v***a en el culito de mi esposa; cabe mencionar que los huevos de Luis en varias ocasiones estuvieron a punto de hacer contacto con mi cara, lo cual significaba que su v***a (no sé como), estaba ya casi toda dentro de mi esposa y que al parecer ella estaba disfrutando cada centímetro que él le metía.
Desde luego ella estaba muy consciente de lo cerca que quedaba la v***a y/o los huevos de su amante de mí, además creo que eso, debido al gran ambiente erótico que se había creado, lo estaba disfrutando bastante.
Y ahí estábamos los tres, él y yo disfrutando a mi esposa y ella gozando de las atenciones de dos hombres dispuestos a todo con tal de darle la mayor cantidad de pacer posible.
Me encantaba ver cada impulso de Luis, sabiendo que eso significaba un poco más de v***a que entraba en ese lugar tan especial de mi esposa, aunque eso implicara tener cada vez más cerca sus huevos de mi cara, de hecho, cuando ya prácticamente se la había metido toda, era imposible evitar el contacto entre mi cara y los huevos de Luis.
Era la primera vez que yo tenía algún tipo de contacto con alguna parte íntima de otro hombre, en ocasiones cuando teníamos sexo ella y yo y nos poníamos muy calientes, ella me comentaba que no le desagradaría por ejemplo que en algún momento yo tomara con mi mano la v***a de otro hombre y se la metiera a ella por donde ese hombre quisiera, en aquellos momentos eso sonaba hasta algo erótico, pero ya en la realidad, era muy diferente, sin embargo me daba cuenta de que ese tema le producía a mi esposa un claro efecto de morbo y podría decir que hasta le llegaba a excitar.
Por lo anterior y viendo lo que Yolanda estaba gozando con su amante y yo, me dediqué de lleno a mamar lo mejor posible su panocha, sin darle importancia al contacto que pudiéramos tener él y yo.
En cierto momento mientras él acariciaba los pechos de mi esposa, su v***a se salió, quedando muy cerca de mi cara, la verdad se veía estupenda, de hecho me daba gusto ver ese gran m*****o que tanto placer le estaba dando a ella.
Él intentó varias veces meterla nuevamente sin usar sus manos pero sin lograrlo, entonces Yolanda tomó una de mis manos y la llevó hacia la v***a de Luis. No se requería ser adivino para saber lo que ella deseaba y sin pensarlo mucho tomé la v***a de su amante y coloqué su cabeza justo en la entrada del culito de mi esposa, no necesitaba hacer nada más, él sintió que estaba en el lugar correcto, empujó un poco y entró de nuevo para beneplácito de mi amada esposa.
Seguimos así un buen rato, él ensartando muy rico a Yolanda por las nalgas, yo mamando su panocha y sintiendo esporádicamente los huevos de él, y ella disfrutándonos a los dos.
En eso me retiré, dejándolos coger muy rico, él volteó a mi esposa boca abajo sin sacarle su v***a y continuó cogiéndosela así, pude ver como ella acariciaba los huevos de Luis como empujándolos hacia sus nalgas, me excité más solo al imaginar que ella lograra que esos huevos le entraran por completo y que ya dentro de ella aumentaran de tamaño y que ella y su amante quedaran por unos momentos literalmente “pegados”, fue una imagen que pasó fugazmente, pero que me pareció más que deliciosa.
Finalmente Luis aceleró el ritmo de la cogida que le estaba dando a mi esposa dando claras muestras de que estaba por venirse y ella desde luego encantada de recibir toda la leche de su amante, ella estaba fascinada de tener por completo la vergota de Luis dentro de sus nalgas, escuchaba bien los gemidos de Yolanda, mismos que indicaban que también estaba por tener otro orgasmo, el último de esta ocasión, pero afortunadamente no el último que le provocara su nuevo amante.
En eso estaban, cuando pude ver uno de los momentos más eróticos, Luis arremetiendo con todo por las nalgas de mi esposa y ella parándolas lo más que podía, recibiendo toda la descarga que esa v***a y esos huevos le podían entregar y lo más delicioso fue que en esos momentos exactos ella tuvo su orgasmo, es decir que los dos se vinieron al mismo tiempo, lo que a Yolanda le encanta, solo que nunca lo había hecho cuando la cogía así, pero ahí estaba mi amada esposa, dando muy rico las nalgas, estando bien ensartada, recibiendo una gran cantidad de leche y viniéndose al mismo tiempo con su amante.
Después de venirse ambos y de que Luis inundara por completo el interior de mi esposa, permanecieron así por mucho tiempo, él con su v***a dentro de Yolanda y ella disfrutando de esos momentos y gozando que Luis la tuviera aun ensartada.
Como podían se besaban, desde luego mi esposa mamándole la lengua a su amante.
Luis sacó su v***a de mi esposa, se levantó y se dirigió al baño para darse una ducha, Yolanda me volvió a sorprender cuando me pidió que la penetrara por las nalgas, de hecho me encantó que me lo pidiera.
Me recosté sobre ella, coloqué mi v***a en el lugar exacto y sin ningún esfuerzo se la metí casi toda de una vez. Su interior estaba caliente y completamente lleno del semen de Luis.
Estuve bombeando ahí muy rico, era una sensación completamente nueva para ambos, no porque no me la hubiera cogido antes por ahí, pero nunca con esa parte inundada previamente por otro hombre.
No tardé mucho en venirme, la verdad estaba también muy caliente, deposité todo el esperma que tenía dentro de mi esposa y estuve unos muy ricos momentos bombeando y mezclando dentro de ella mi semen con el de su amante.
Este fue el inicio de una serie de encuentros con Luis, la mayoría en casa, pero también saliendo ellos solos, ya que consideré que deseaban hacerlo sin mi presencia, lo que más adelante pude comprobar que fue una muy buena decisión.