En ese momento, el crujido de la madera de la puerta, avisó a aquella joven de la presencia del padre Damián. Esta inmediatamente se dio la vuelta, cayendo sobre sí misma y quedando de rodillas frente al padre. -¿Se puede saber qué haces hija mía? Por qué te castigas de esa forma. Aquella joven que no sabía qué decir en esos momentos continuó llorando. -Venga, sabes que puedes contármelo, no tengas miedo insistió el Padre Damián. -Lo que me sucede padre es que no merezco el vestir el hábito de esta iglesia y mucho menos el perdón de nuestro señor Jesucristo, decía la novicia al mismo tiempo que asestaba otro golpe sobre su espalda semidesnuda. -¿Y por qué crees que no mereces ser perdonada hija? -He tenido pensamientos padre… -Es normal hija, todos a veces nos salimos del buen camin

