Primera vez que compartí a mi esposa con otro hombre 2

1826 Words
Se levantó nuevamente a bailar, muy tranquilos de inicio, solo con algunos acercamientos, algo platicaron, él la abrazó pegándola bien a su cuerpo, le dio otro beso leve en los labios y unos momentos después la estrechó mas y le plantó un gran beso en los labios, ella reaccionó algo sorprendida pero sin rechazarlo, apenas un rato mas se trenzaron en un beso de telenovela que parecía interminable. Pude ver como sus cuerpos estaban prácticamente pegados, muy seguramente sus partes genitales en pleno contacto y desde luego ambos ya con cierta humedad producto de la gran excitación que tenían ya en ese momento. En ciertos momentos, él le daba discretamente unos breves apretones en las nalgas de mi esposa y también muy discretamente le llegó a dar unos besos en sus pechos que debido al escote se veían al menos la mitad de ellos. Yo experimentaba una gran cantidad de morbo mezclado con excitación al ver a mi esposa manoseada muy rico y lo mejor de todo es que ella lo estaba gozando. A ella le encanta chuparme la lengua cuando la beso y me di cuenta que en ciertos momentos en que se besaban hacía eso a su compañero de baile, después ella me dijo que él le comentó que eso le fascinaba. Regresó mi esposa a la mesa pero ahora acompañada de él. Nos saludamos, él se llamaba Luis, ella Yolanda (no lo había mencionado), se sentaron, platicamos un poco de trivialidades, después nos comentó lo sorprendido que estaba de encontrar a un matrimonio como nosotros, le dije que sí, que somos una pareja especial, que preferimos hacer todo de común acuerdo en lugar de tener infidelidades o engaños. Mencionó que celebraba mucho que yo no tuviera problema con lo que hasta el momento habían hecho ellos. Le pregunté con cual de todo lo que habían hecho. Respondió que prácticamente con todo y bueno que tal vez sería porque estaban algo lejos de donde yo estaba, le dije que no, que no era por eso y para probarlo les pedí que se besaran ahí frente a mí. Él se acercó a mi esposa y la besó en los labios. Les dije, así no se besaban hace un rato, entonces él la abrazó y la empezó a besar muy rico, unos momentos después ella le estaba chupando la lengua. Aun así se ven muy seriecitos, les dije. Acto seguido él le propinó a mi esposa un beso en cada pecho. Tienes una esposa deliciosa, me dijo, así es, le respondí y me encanta verla disfrutar de lo mejor de la vida, una buena comida, un buen espectáculo, un buen viaje, un buen masaje, un muy buen baile y desde luego los placeres derivados de lo s****l. Me dijo, ya que mencionas lo del masaje, hace tiempo tomé un curso de masajes de relajación y creo no ser tan malo para darlos. Le dije y supongo que te daría gusto darle un masaje a mi esposa…por supuesto que sí, me dijo, sería un placer, pero desde luego lo mas importante es lo que ella desee y hasta donde ella quiera. Luis volvió a abrazar a Yolanda y a besarla, ahora fue mas lejos, discretamente tomó un pecho en su mano y se lo acarició un buen rato. La verdad ella se veía encantada. Ese día era sábado y eran como las 9 de la noche, le pregunté a Luis si tenía pendientes para lo que restaba de la noche, nos comentó que no, que lo que mas deseaba era seguir bailando con Yolanda y hacerla disfrutar en todo lo que ella deseara. Le pregunté a ella que como le caería un buen masaje después del maratón de baile, me comentó que no estaba cansada, pero que al parecer el baile aun no había terminado y un buen masaje estaría excelente. Le dije a Luis que sugiriera algo, comentó que si estábamos de acuerdo podíamos ir a cenar algo ligero, y después otro rato de baile y mas tarde el masaje. A Yolanda le agradó la idea y desde luego también a mi, para mayor seguridad propuse nuestra casa para lo del baile y el masaje, lo de la cena ligera podía ser en algún lugar que nos quedara de paso. Así lo hicimos, la cena fue en verdad muy ligera, nadie quería sentirse pesado del estómago y unos minutos después llegamos a casa. Puse algo de música, algunas botanas y algo de tomar. Me dirigí al baño, procuré tardarme deliberadamente algo mas de lo habitual, lo que produjo el efecto deseado, cuando regresé a la sala, ellos estaban bailando, él besándola y ella con la lengua de él dentro de su boca y chupándosela. Sus cuerpos completamente pegados y como buscando cada quien el sexo del otro. Luis me pidió que bailara yo con ella, ya que deseaba admirar mas sus lindas piernas y todo lo demás. Así lo hice, dándole muchas vueltas para que él pudiera deleitarse viéndola muy cerca suyo. Después siguieron bailando un buen rato ya bastante calientes hasta que él sugirió que se procediera al masaje, todos estuvimos de acuerdo, él preguntó si se podía dar una ducha ya que por el baile sentía que no estaba todo lo limpio que quisiera para atender a mi esposa. Mientras Luis se bañaba le sugerí a Yolanda que se pusiera la ropa íntima más sexy ya que sería una ocasión especial, así lo hizo, se puso un coordinado blanco de encaje que se le veía de lo más provocativo ya que además del encaje era transparente dejando ver muy rico las partes íntimas de mi esposa. Se puso solo una bata blanca muy transparente para esperar a Luis quien salió del baño unos minutos más tarde. Llevaba puesta solo una trusa que revelaba perfectamente el buen tamaño de su v***a y lo parada que la tenía ya. Él al verla así la llenó de piropos y se dedicó unos momentos a contemplarla, la verdad es que se veía estupenda, ya que debido a las transparencias se le podía ver bastante bien lo mas íntimo de ella. Luis me dijo que deseaba bailar unos momentos más con mi esposa, claro si yo no tenía inconveniente, le dije que si ella quería, no había problema. Acto seguido la sacó a bailar y casi de inmediato se trenzaron en un riquísimo beso tan prolongado como apasionado. Ya en eso, Luis le desató la cinta de su bata, misma que al desprenderse del cuerpo de mi esposa colocó en un sillón. Y ahí estaba mi esposa, tan solo con pantaleta y brassier y zapatillas y su compañero de baile únicamente con trusa, besándose y casi a punto de hacer muchas cosas más. Luis la volteó de espalda y pude ver algo de lo más erótico y rico de la noche. Él la abrazó, la atrajo hacía él, y pude ver perfectamente como colocaba su v***a aún dentro de su ropa interior justo en medio de las nalgas de mi esposa, ella lejos de resistirse empezó a frotar sus nalgas en la v***a de Luis. Volvieron a quedar de frente, nuevamente se besaron, ahora sus sexos se buscaban con ansias, de hecho pude ver como la trusa de Luis ya presentaba humedad a la altura de donde quedaba la cabeza de su v***a y obviamente la parte más íntima de mi esposa estaría en condiciones similares. Las manos de él ahora acariciaban descaradamente las nalgas de mi esposa. Él la cargó y aun besándola la llevó a nuestra recámara, la acostó en la cama boca abajo y se dispuso a darle el masaje que desde luego todos íbamos a disfrutar. La verdad es que Yolanda se veía espectacular, recostada boca abajo, solo con pantaleta y brassier, mostrando perfectamente sus nalgas debido a la total transparencia de su prenda y más que dispuesta a disfrutar de unas deliciosas caricias de un hombre que evidentemente la deseaba y que afortunadamente a ella no le era desagradable sino todo lo contrario. Luis se colocó al lado de la cama y empezó a darle el masaje por los hombros y el cuello, en realidad se notaba que sabía hacerlo, lo que me dio mucho gusto principalmente por ella, ya que no iba a estar en manos de un aprendiz, lo cual garantizaba un mayor placer. Él tomó un frasco de aceite que había yo puesto en el buró, con el que se dispuso a continuar con el masaje. Por lo del aceite él le desabrochó el brassier a mi esposa y se lo quitó ayudando en todo Yolanda. Prosiguió esparciendo el líquido por la espalda, hombros y brazos de ella, pude ver que al acariciar sus brazos y quedando suelta la mano de ella, él aprovechaba para llevar su mano hacia su v***a haciendo que los dedos sintieran lo dura y caliente que ya se encontraba. Siguió con el masaje, en la espalda, la cadera, brevemente en las nalgas, las piernas y especialmente en los pies, lo que a ella le encantó. Volvió a subir por las piernas, llegó a las nalgas de mi esposa, procedió a retirar su pantaleta, lo que al parecer ella ya esperaba, yo diría que hasta deseaba, ya que ayudó levantando su cuerpo a fin de facilitar tan deliciosa labor. Le dijo a ella que para darle un mejor masaje a dos manos en la espalda, se iba a colocar sobre ella y acto seguido se subió a la cama poniéndose sobre mi esposa, quedando sus manos a la altura de sus nalgas y su v***a aun dentro de su trusa sobre sus muslos. Continuó con el masaje, acariciando por completo las nalgas de mi esposa. Cada cierto tiempo le ponía aceite, debido a lo cual le preguntó a Yolanda si no tenía inconveniente en que se quitara la trusa a fin de evitar mancharla con el aceite, ella estuvo de acuerdo, por lo que él se bajó de la cama y se la quitó. Yolanda tenía los ojos cerrados, lo que creo que fue lo mejor, ya que al quitarse la prenda saltó su v***a, completamente erecta y húmeda, era considerablemente más grande y gruesa que la mía. Volvió a subirse a la cama y a mi esposa en el lugar donde había estado, por lo que su v***a, yo diría su vergota quedó sobre los muslos de ella. Era obvio que Yolanda sentía perfectamente el m*****o de Luis. Siguió con el ahora más rico masaje, subiendo sus manos por la cadera y llegando a la espalda, teniendo que mover el resto de su cuerpo, quedando ahora su v***a sobre las nalgas de mi esposa. Era un espectáculo de verdad hermoso y por demás erótico, mi esposa completamente desnuda, disfrutando de un muy rico masaje y sintiendo sobre ella a un hombre también desnudo y que era más que evidente que tenía claras intenciones de cogérsela, lo que de seguro ella también a esas alturas ya deseaba.
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