La vida me enseñó a ser un hijo de puta y no contar con nadie. Nunca había sentido nada realmente por la gente a mi alrededor, incluso antes de lo de mi madre. No fui un chico divertido y sonriente, no pensaba en los demás y mucho menos me interesaría por alguien que no fuese yo. Cuando Carish nació la atención fue más para ella que para mí y en parte lo agradecía, mi padre quería estar siempre sobre mi, durmiendo conmigo, dándome besos e incluso caricias en partes donde un papá no debe tocar a un hijo. Nunca sentí nada, excepto asco. A Carish me gustaba joderla, me reía al escucharla llorar, esa era mi única diversión. Le jalaba el cabello, la pellizcaba, pero cuando creció empecé a hacerle otras cosas como cortar su cabello por gusto, golpearla para ver su piel tornarse violeta, le lan

