Mihai siguió el rastro del olor, hasta los límites de la propiedad, pero lo que fuera que hubiera dejado tan peculiar aroma, ya debía encontrarse muy lejos. De cualquier manera, había llegado el momento de enfrentar a Lorenzo, en unas semanas cumpliría la mayoría de edad y el fiel mayordomo dejaría de ser su tutor, así que no podría negarse a darle una explicación.
Volvió al castillo y antes de ir a su habitación, decidió ver que Katrina estuviera dormida y a salvo, no quería asustarla, así que solo abrió la puerta sigilosamente y la miró por unos segundos, parecía un ángel cuando estaba dormida, desde la puerta podía escuchar su respiración y respirar el suave aroma de su cuerpo.
Cerró la puerta rápidamente al darse cuenta de que su entrepierna había comenzado a despertar.
—Maldición Mihai, qué demonios te pasa. ¡Es tu hermana carajo! —Balbuceó riñéndose a sí mismo y se dio una ducha de agua helada para controlar los deseos insanos que le provocaba el cuerpo de Katrina.
Se recostó y fingió dormir, pero cada vez que cerraba los ojos, la imagen de su hermana completamente desnuda y cubierta por cientos de gotas de agua, se apoderaba de su mente.
Fue la noche más larga de su vida, no solo por el hecho de no poder conciliar el sueño, sino por tener que luchar contra los demonios que lo instaban a pensar en su hermana con un deseo carnal, insano y pecaminoso.
Por su parte, Katrina tampoco pudo conciliar el sueño, la mirada de Mihai, cuando recorrió su cuerpo desnudo la atormentaba una y otra vez y cuando finalmente lograba quedarse dormida, despertaba aterrada al ver esos ojos iridiscentes en la ventana.
Se levantó antes de que sonara la alarma y se preparó para ir al instituto, bajó las escaleras rápidamente tratando de sorprender a su hermano con su puntualidad, pero le extrañó ver que no estaba esperándola como siempre, en su lugar, el chofer del castillo estaba parado junto a la puerta.
—¿Y el señor Mihai no ha bajado? — Preguntó extrañada, porque no era normal que no estuviera listo.
—Yo la llevaré el colegio señorita, fue una orden de su hermano, él ya se fue a la escuela, dijo que no tenía tiempo de esperar.
Frunció el ceño con molestia porque era la primera vez que se iba al colegio sin ella, pero también sintió un nudo en la garganta, le dolía esa actitud hacia ella, porque no estaba acostumbrada a que la tratara de esa manera.
Gertrudis salió de la cocina con el zumo de frutas que acostumbraba a beber antes de salir rumbo al colegio.
—¿Qué pasa señorita? ¿No se siente bien? Quizá no debería ir al colegio hoy.
—No te preocupes Gertrudis, me siento perfectamente, es sólo que Mihai se fue sin mí, no entiendo que le pasa.
—Dijo que tenía algo importante que hacer antes de ir al Instituto, así que el chofer la llevará.
Asintió, para no decir que eso ya lo sabía, que lo que necesitaba saber era el porqué de esa decisión, pero sabía que no iba a tener ninguna respuesta de la discreta ama de llaves.
Se bebió el batido de prisa y salió, el chofer corrió a abrirle la puerta trasera del auto, pero ella lo ignoró y se subió en el asiento del copiloto, estaba cansada de decirle a todo el mundo que odiaba el protocolo y que la trataran como si fuera de la realeza, ella solo quería tener una vida normal.
Cuando el auto entró en el estacionamiento del colegio, buscó con la mirada el auto de Mihai, pero no estaba, así que era verdad que tenía algo que hacer antes de ir al instituto. ¿Qué sería eso tan importante, como para que se hubiera atrevido a dejarla?
Bajó antes de que el chofer le abriera la puerta y cuando comenzó a caminar hacia la escalinata, notó que todos los estudiantes que se encontraban ahí miraban hacia ella, con asombro, pero en un segundo se dio cuenta de que no la miraban a ella.
Se detuvo y giró para ver de qué se trataba, levantó la mirada y lo que vio le provocó un dolor tan grande, que sintió la tierra moverse bajo sus pies. Ahí estaba el auto de Mihai, casi pudo ver en cámara lenta cuando él bajó del auto, lo rodeó y abrió la puerta para darle la mano a su acompañante. Crina tomó su mano y con una sonrisa que no cabía en su rostro descendió del auto.
Caminaron juntos tomados de la mano hacia la escalinata, mientras Katrina apretaba los puños y mordía su labio haciendo un gran intento por no llorar.
—Parece que a alguien no le gusta nada su nueva cuñada — dijo Florin junto a su hombro, tratando de ocultar sus propios celos.
—¿Cuñada? —Balbuceó, como si no supiera lo que significaba esa palabra.
—¡Claro! ¿Acaso crees que vienen tomados de la mano y con esa sonrisa porque se volvieron amigos?
Katrina tragó saliva tratando de que el nudo que tenía en la garganta la dejara respirar.
—Será mejor que me vaya al salón de clases, quiero repasar mis apuntes antes del examen —dijo y corrió para no verlos de frente.
Llegó al salón y sacó un pañuelo, limpió rápidamente las lágrimas que no había podido contener y sacó un libro para leer, o mejor dicho, para fingir que estaba leyendo.
Los compañeros de clase comenzaron a entrar y el tema de conversación era la nueva pareja, de no ser porque el examen final era muy importante, ella hubiera salido corriendo de ahí, el dolor que sentía era indescriptible, por más que trataba de convencerse a sí misma que no tenía razón de ser, su cuerpo y su alma, parecían estar desconectados de su mente.
—¡Te veo en el almuerzo cariño! — La voz de Crina en la puerta le indicó que, como solía hacer con ella, Mihai la había acompañado hasta la puerta.
Respiró profundamente, sabía que la rubia iba caminando hacia ella, no la veía, pero sentía sus pasos y su mirada dirigidos hacia su lugar.
—¡Katrina! No puedo creer que lo conseguiste, por un momento dudé de ti, pensé que no habías cumplido tu palabra, pero cuando esta mañana Mihai me llamó para decir que pasaría a recogerme a mi casa para venir juntos, casi muero de la emoción.
—“Debiste morir” —Pensó Katrina, pero optó por solo mirarla y fingir una sonrisa — Te dije que lo haría, ahora depende de ti conseguir que te lleve al baile.
—Lo hará, de eso puedes estar segura, ya somos novios —presumió.
—¿Novios? ¿Tan pronto? ¿Te lo pidió? — Florin bombardeaba con preguntas, mientras sentía el corazón destrozado, sabía que Crina nunca le correspondería, pero saber que tenía novio, era doloroso.
—Bueno, tanto como pedírmelo no, pero nos besamos y me tomó de la mano al bajar del auto, creo que eso lo dice todo, pedir formalmente que seamos novios, ya no se usa, es cosa del otro siglo.
—Entonces no te emociones Crina, mi hermano es chapado a la antigua, si aún no te lo ha pedido, no cantes victoria —Dijo Katrina con fuerza, su voz se escuchó en todo el salón y todos la miraron.
—¿Pero que fue eso monjita? ¿A caso levantaste la voz? ¿Será que estás celosa de tu hermano? ¡Qué asco me das! —Dijo Crina y Katrina bajó la mirada al escuchar las palabras hirientes de todos los estudiantes, haciendo referencia al asco que les daba un posible incesto.