—Debemos volver a Rusia Rudolph — Dije con voz tajante. Ahora sabía quién había estado manipulando mi mente y mi intuición, me decía que era en ese lugar donde debía comenzar a buscar. Como siempre, mi fiel mayordomo se encargó de todo, volvimos a Rusia y fui directo a la mansión de Luna. Como era de esperarse se negó a recibirme. No estaba segura de que ella fuera cómplice de su hija y de Andreu, de lo que sí estaba segura, era de que ella podía saber dónde tenían escondidos a mis hijos. No logré hablar con ella, así que el único lugar que me quedaba para buscarla era en el teatro. Y tendría que esperar a las funciones del fin de semana. Monté guardia en su mansión día y noche. Pensé que en cualquier momento iba a aparecer, pero nunca llegó. Era probable que hubiera sentido mi olor

