La mañana siguiente a primera hora, tal como él le dijo, abordaron un avión hacia Rio. Riley estaba agotada de la noche anterior, por lo que Knox la dejó dormir sus respectivas ocho horas. Él estaba que lo mataba el aburrimiento cuando ella despertó y se recostó en su hombro para ver lo que él veía en la tableta. Knox dejó estipulado que no lo molestaran en su luna de miel. Ese era un tiempo sagrado para él. No importaba si se caía el cielo y el infierno se congelaba. Su luna de miel era sagrada, así como lo fue la boda y lo sería la mujer a su lado con los dos anillos en su dedo y el cabello enmarañado por dormir demasiado. Comieron, hablaron sobre lo que harían al llegar y poco tiempo después el avión aterrizó. Más de doce horas de vuelo eran casi asesinas, pero cuando Riley observó a

