63 Inculpar al inocente El siguiente día en la mañana Knox vio a su hijo con los ojos abiertos por primera vez. No eran los ojos más hermosos de la vida, pero era mucho mejor que verlo dormido. Ashton conoció a su padre, quien tampoco ni por curiosidad buscó en internet, y descubrió por qué su hermana le había dicho que era un hombre imponente y malote. La simple altura, musculatura y la manera en la que Knox miraba, era intimidante. Todo él era un hombre intimidante el extremo, y aunque no lo miró como si fuese a reprenderlo, Ashton sintió que tenía el porte de un padre. —¿Cómo te sientes, Ashton? —le preguntó. Ashton aun no podía hablar, por lo que solo elevó el pulgar. —Me alegra que estés bien —le dijo Knox sin saber que decirle—. Me alegra mucho que los pulmones te funcionaran.

