Esa noche, después de una cena romántica y de una cama repleta de lujuria, Maddox le dijo a Riley que era momento de subir al avión. Desde Las Vegas hasta Finlandia, eran aproximadamente catorce horas de vuelo. Era demasiado tiempo sentados en una butaca de avión, por lo que Knox contrató un jet con habitación para que Riley pudiera descansar. El jet contaba con una licorera, una sala de entretenimiento, una amplia habitación con baño y una cocina donde las aeromozas de ese día les prepararon algo delicioso para comer y beber en esas horas. Ese era el segundo vuelo de Riley. El primero fue a Nueva York, y el segundo le resultaba aún más interesante, aunque agotador por la cantidad de tiempo que tardarían en aterrizar. Riley comió bastantes botanas, bebió el vino suficiente como para senta

