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3200 Words
    Joshua, ésta es mi hija,Marie- me presentó mi padre, y añadió-:Normalmente no se viste así.      Los ojos oscuros del carpintero eran de mirada grave, como si ya hubieran presentado lo suyo.Ver aquellos ojos increíblemente dulces me trastocó.       Buenos días,Marie - dijo con una maravillosa voz profunda, que me perturbó todavía más. El carpintero me dio la mano para saludarme.Tenía un apretón de manos firme. Y por extraño que pareciera, aquel apretón de manos me causó una profunda sensación de amparo.      Frblmf...-farfullé.No estaba en condiciones de decir nada razonable. Encantado de conocerte- dijo formalmente,¡pero con qué voz! Frddlff- contesté.     Voy a echarle un vistazo al tejado- explicó. Y yo respondí con un "Brmmlf" de aprobación. Me soltó la mano y, de repente,volví a sentirme muy insegura. Quería que volviera a estrechar mi mano.¡Ya!     Pero Joshua abrió la trampilla con el guizque,bajó la escalerilla y trepó hacia arriba.Tenía una manera de moverse tan vigorosa como elegante, y me sorprendí mirándole el trasero.Cuando el carpintero desapareció por fin en el desván,pude volver a pensar con un poco más de claridad.Dejé que el fantástico trasero siguiera siendo un fantástico trasero, salí a toda prisa de la habitación y llamé a la puerta de la que había sido la habitación de niña de Kata. Mi hermana me abrió en ropa interior y bostezando como un cocodrilo en plena fase de "estoy dirigiendo a un pigmeo". ¿Puedes ir a buscarme ropa? - pregunté.     ¿Quieres que vaya a casa de Sven? Es que, si voy yo, podría producirse un crimen de género. Con lo furioso que estaba ayer,es muy posible...convino Kata. Bostezó otra vez, se estiró para desperezarse y entonces, de repente, se estremeció.Le dolía la cabeza y eso me dio miedo. Kata vio mi espanto y me tranquilizó: No es una recaída.Ayer por la noche bebí vino de garrafa. Aliviada, quise darle un beso, pero levantó las manos para protegerse.     Lávate antes de darle un beso a alguien. Después de ducharme,me repanchingué en la cocina con una taza de café.Sola. Mi padre se había ido de excursión al Báltico, a pasar el día con Swetlana. Intenté desesperadamente quitarme de la cabeza la idea de que aquella mujer podría ser mi nueva madre.Cuando por fin lo conseguí,medité sobre mi desastrosa vida.¿Cómo dicen siempre? Hay que aprender de las crisis.Sería ridículo que no supiera aprovechar aquella crisis para encauzar mi destino hacia un nuevo rumbo más feliz.¡Sï,señor!      Pero,¿ y si no lo conseguía?¿Si yo seguía siendo siempre tan feliz y desastrosa como ahora? Mejor pensaba en Swetlana.    Y mejor aún en aquel Joshua.    Tenía un carisma increíble. Y qué ojos, qué voz.Me jugaría lo que fuera a que, si se lo proponía, aquel carpintero sería capaz de conseguir que mucha gente se apasionara por una buena causa...Por ejemplo, por el aislamiento térmico.     ¿Qué me había dicho?Que estaba encantado de conocerme: Eso había sonado sincero:Y no me había mirado los pechos como la mayoría de los hombres cuando dicen algo parecido.Me había tuteado sin pedirme permiso.Pero a lo mejor era porque venía de algún país del sur. De Italia o alguna cosa por el estilo. A lo mejor tenía una casa en la Toscana, que él mismo había construido...con el torso desnudo.     Pero,¿Por qué había venido?¿Tenía dificultades en su país?¿Quizás problemas laborales? Caray, no paraba de pensar en un hombre al que, hasta entonces, sólo le había gruñido unos cuantos sonidos. El raudal de pensamientos se interrumpió al llegar Kata, que había vuelto con dos maletas llenas de ropa.     -¿Cómo está Sven? pregunté. Como tú. -¿Hecho papilla?.-Exacto.     Me sentí terriblemente culpable,nunca había hecho tan infeliz a un hombre.Normalmente,los hombres me hacían infeliz a mí.Suspiré y le pregunté a Kata: - ¿Tienes que irte hoy mismo? Deseaba tanto que se quedara conmigo.     -Será mejor que me quede contigo hasta que vuelvas a estar bien. - ¿Los próximos cien años?- Lo que haga falta- contestó sonriendo. La abracé. Me estás estrujando- se quejó. -¡Es lo que quiero!- repliqué cariñosamente. Cuando acabé de estrujarla, al cabo de cinco minutos, me cambié de ropa y me alegré de poder ponerme por fin unos tejanos y un jersey.Subimos al piso de arriba, queríamos ir a la habitación de Kata  a hacer  las cosas que en ese momento más no interesaban;ella dibujar y yo compadecerme y hundirme en la depresión.     Sin embargo, al pasar por delante de mi cuarto,oi a Joshua cantar en el desván.En un idioma extranjero.No era Italiano.Con su voz profunda y realmente conmovedora. Claro que también me habría conmovido si hubiera cantado "¿De dónde llegáis a mi? Del país de Pitufin". Le dije a Kata que quería coger una cosa y que enseguida la seguiría.Luego fui a mi habitación,trepé por la escalera de la trampilla llegué al desván.     Joshua acababa  de quitar una ventana que no cerraba herméticamente y la estaba dejando en el suelo. Parecía concentrado, pero muy relajado.Por lo visto, era de  los que se olvidan de todo mientras trabajan. Cuando me descubrió,dejó de cantar.Yo tenía curiosidad por saber qué canción cantaba y le pregunté . -¿Qqqq cccinn? No Podía continuar así.Desvié la mirada al suelo a toda prisa, me concentré y volví a la carga. - ¿Qué...estaba...cantando? Un salmo sobre la alegría del trabajo.     -Ah...vale- contesté desconcertada.Yo raramente utilizaba las palabras "alegría" y "trabajo" juntas en una misma frase.Y la palabra "salmo",nunca. -¿Y en qué idioma?- Ya era capaz de mirarlo y pronunciar una frase casi sin errores.El truco consistía en no mirarle a los ojos, profundos y oscuros. Hebreo- contestó. ¿Es su lengua materna? -Sí, soy de una región de la actual Palestina.      Palestina.No era tan atractiva como la Toscana.¿Sería Joshua un refugiado?- ¿Por qué se fue?-le pregunté. Mi época allí tocó a su fin - respondió Joshua como quien ha aceptado plenamente el rumbo que toman las cosas. Parecía en paz consigo mismo.Pero increíblemente serio.¡Demasiado serio! Me  pregunté que tal sería ver reír de verdad aquel hombre. - ¿Quiere cenar hoy conmigo?-pregunté. Joshua se quedó asombrado.Pero no tan asombrado como yo por lo que acababa de decir.No hacía ni veinte horas que había plantado a Sven en el altar,¿y ya quería salir con un tío sólo para verle reír?- ¿Cómo?- Grdllllff- contesté.      Presa del pánico, pensé si no debería echar marcha atrás, pero me decanté por una huida hacía delante y por una tentativa, más bien deplorable, de ser ingeniosa.-Seguro que  hay algún salmo sobre la comida. Me Miró aún más asombrado.Dios ¡aquello era penoso!.Nos quedamos callados y yo intenté leer en la cara del carpintero si quería quedar conmigo o me tomaba por una plasta que sabía tanto de salmos como de física experimental de partículas.     Pero su cara era imposible de leer,era tan diferente de todas las demás.Y no  sólo por la barba.Volví a mirar al suelo y ya estaba a punto de murmurar abochornada"Olvídelo",cuando respondió: - Hay muchos salmos que hablan del pan y de los alimentos.     Levanté la vista hacia él  y entonces dijo: Me encantaría cenar contigo. Marie.     Y me sonrió por primera vez.Fue tan sólo una ligera sonrisa. O sea, ni de lejos una risa.Pero fue  realmente divina. Con aquella sonrisa podría haberme vendido mucho más que aisladores térmicos.  -Dios mío,¿por qué le habré pedido que salga conmigo?- sollocé cuando recobré a medidas el juicio.Estaba frente al espejo del cuarto de baño antes de salir a cenar,intentando mejorar con maquillaje mi cara,hinchada de tanto llorar, para no parecer Nueva Orleans después del Katrina. -El carpintero no es mi tipo- le expliqué a Kata-. Lleva barba.A mí no me van las barbas. Antes te parecían geniales-dijo Kata con una sonrisa burlona.- ¡Cuando tenía seis años! Kata sonrió aún más ampliamente y me retocó la sombra de ojos. Además -dije,Joshua es de Palestina. Y canta salmos.     Seguro que quieres insinuar algo,¿Vas a decirme qué? preguntó Kata.     -¿Y si Joshua es un pirado religioso? Y si resulta que es uno de esos tíos que toman clases de vuelo,pero no ponen mucho interés en aprender a despegar ni a aterrizar,sino  sólo en chocar contra rascacielos. - Vaya, qué mente más abierta y qué pocos prejuicios- señalo Kata.     Pensé sí no debería avergonzarme de mis perjuicios,pero llegué a la conclusión de que no me daba la gana. Había tantas cosas de las que tenía que avergonzarme que mi capacidad de vergúenza estaba completamente agotada. - La barba y las clases de vuelo no son más que pre- textos- opinó Kata, tienes mala conciencia por Sven. - Me sabe mal haber quedado- admití.      ¿Qué tiene de malo un poco de diversión?- quiso saber Kata. - ¿Cómo puedo divertirme un día después de la boda del horror?- Muy fácil, te divertirás cuando el carpintero te enseñe su herramienta...     La escruté con la mirada, ella cerró la boca y no hizo ningún comentario sobre echar clavos. Volví la cabeza hacia el espejo y asumí que el maquillaje no puede superar la cara donde lo pones. - Cancelaré la cita- anuncié.¿Y qué harás después? preguntó Kata. Reflexionaré sobre mi vida...Huy, eso sí que suena divertido. Tenía razón. Volvería a tumbarme en la cama y a pensar que necesitaba un piso, pero no tenía pasta para pagar ni él deposito ni a la inmobiliaria porque había pedido un crédito cuantioso para celebrar la boda que había arruinado. En última instancia, eso significaba que tendría que vivir un tiempo en casa de mi padre y tendría que continuar oyendo cómo Swetlana  gritaba ¡Oh, sí! mientras empujaba a una frecuencia ultrasónica que haría enloquecer a los perros.     Kata prácticamente me ley´el pensamiento y dijo algo muy convincente. -Acude a tu cita.En cualquier sitio encontrarás algo mejor que la depresión. Había quedado con Joshua en Da Giovanni,un restaurante  italiano que tenía muchas ventajas:estaba en un lugar idílico a orillas del lago, la comida era muy buena y Giovanni le había birlado una novia a Sven y ahora tenía cuatro bambini con ella. Eso significaa; Sven había declarado el boicot al restaurante para siempre.Por lo tanto, estaba garantizado que no me vería con Joshua y así evitaríamos que el Malenter Kurier saliera a la calle con el títular:"Matanza junto al Lago".     Giovanni me dio una mesa en la terraza que daba a la orilla. Acababa de sentarme cuando Joshua llegó. Llevaba la misma ropa que en el trabajo y, milagrosamente, no tenía ni una mancha.     Buenas noches,Marc- me saludó sonriendo. -Su sonrisa era realmente increíble. ¿Se blanquearía los dientes?- Buenas noches,Joshua -contesté a su saludo. Se asentó a mi lado.Esperé que dijera algo más.Pero no dijo nada, simplemente parecía contento de estar allí,mirando hacia el lago y disfrutando de los últimos rayos de sol, que le caían en la cara.Así pues,intenté poner en marcha la conversación: -¿Cuánto hace que estás en Malente?- Llegué ayer. Eso era sorprendente. ¿Y ya recibiste el encargo de arreglarnos el tejado? pregunté perpleja.     Gabriel sabía que tu padre necesitaba a un carpintero. -¿Gabriel? ¿El pastor Gabriel?- De momento me alojo en su cuarto de invitados. Oh, Dios mío, ojalá Gabriel no le hubiera explicado que soy un desastre.      ¿Hace mucho que conoces a Gabriel? - pregunté para averiguar si el viejo pastor le había contado mi calamitosa actuación del día anterior en la iglesia- Quiero decir que si os conocéis bien y habláis mucho.     Gabriel ya conocía  a mi madre. Le anunció que yo nacería - contestó Joshua.Y,, si era así ¿por qué? No era ginecólogo. Y  menos aún en Palestina.¿Tendría algo con la madre?. Pero todas esas preguntas eran demasiado indiscretas para una primera cita y seguramente también lo habrían sido en la número diecisiete. Así pues, pregunté otra cosa. -¿Cuándo te fuiste de Palestina?- Hace casi dos mil años. No sonrió al responder. O tenía el sentido del humor más seco del mundo o realmente tomaba clases de vuelo. - ¿Y dónde has estado viviendo durante esos dos mil años?- Intenté bromear, sin estar segura al cien por cien de que él bromeaba realmente.- En el cielo- Contestó sin pizca de ironta. -¡No hablas en serio! Claro que sí- respondió. Y Yo pensé: ¡Oh, mierda,toma clases de vuelo!     Intenté tranquilizarme: seguro que Joshua era un tío normal que ya llevaba tiempo en Alemania; de lo contrario, no dominaría tan bien el idioma.Era sólo que tenía un extraño sentido del humor y su broma habría sido simplemente un Lost Translation. Mientras aguardábamos a que nos trajeran la carta, callamos y contemplamos el lago. A Joshua no le molestaba el silencio. A mí,si. La diversión era otra cosa. ¿Pero qué esperaba? ¿Cómo íbamos a estar en onda? Eramos demasiado diferentes. Él era religioso.Yo estaba deprimida.     Había tenido una idea de bombero.Pensé si no sería mejor levantarme y marcharme, explicarle que todo había sido un error. Aún no era demasiado tarde para irme a casa, acurrucarme debajo de las mantas y atormentarme preguntándome si algún día volvería a ser feliz sin tomar psicofármacos. Joshua leyó en mi cara que me sentía abrumada y dijo algo colosal: - Ahí hay un pájaro. Y eso no fue lo más colosal.No siembra, no siega y, aún así,no tenía de qué preocuparse. Contemplé el pájaro,un ruiseñor, para ser exactos, y pensé que tampoco tenía que preocuparse por encontrar una pareja para toda la vida.Sólo por si algún italiano se lo zampaba al migrar al sur.     -Y las personas tampoco deberían preocuparse- prosiguió Joshua-, ¿Quién, con sus preocupaciones, puede añadir a su estatura un solo codo? El hombre tenía razón, aunque daba la impresión de que había leído muchos libros de Dale Carnegie. No te  inquietes por la mañana,porque el día de mañana tendrá sus propias inquietudes- dijo Joshua.     Era una frase simple,pero hermosa. Y, si la pronunciaba un hombre con aquel carisma, aquella voz y aquellos ojos, te la creías. Por primera vez desde mi "No" ante el altar, sentí un poquito de esperanza. Decidí quedarme y darle a la cita el tiempo de una pizza. Giovanni trajo la carta y Joshua no se aclaraba.Incluso tuve que explicarle qué era pizza.Al final se decidió por una vegetariana.La carne y el queso juntos no son kosher- dijo para explicar su elección.     - ¿Kosher?¿También lo dicen los musulmanes? -pregunté. Yo no soy musulmán.Soy judío.     Un judío de Palestina, qué cosas,pensé, y me alegré,porque los judíos normalmente no volaban contra los rascacielos.Pero enseguida me pregunté si Joshua no se ría  uno de esos colonos judíos locos de atar.Aunque, si fuera un colono judío loco de atar,tendría que llevar tirabuzones,¿no? Y ¿cómo se hacían los tirabuzones,con un rizador de pelo?- ¿Y tú ?- Joshua interrumpió mi incursión mental en la peluquería ortodoxa judía. Eh...¿qué? - pregunté.     -¿En qué dios crees? - Bueno,ejem...Yo soy cristiana-respondí.     Joshua esbozó una sonrisa.Yo no tenía ni idea de dónde estaba la gracia,¿Le había explicado Gabriel algo de mí?     Perdona -dijo- Pero aún tengo que acostumbrarme a que la palabra "cristiano" sirva para señalar a un creyente. Entonces, Joshua se echo a reír. Sólo un poquito, no muy fuerte. Pero aquella risa suave bastó para crearme una sensación de bienestar enorme.     En los minutos siguientes, por fin charlamos.Le pregunté dónde había aprendido su oficio y me explicó que se lo había enseñado su padrastro. ¿Padrastro?¿Era hijo de divorciados y neurótico como yo?¡Ojalá no! Giovanni nos sirvió y Joshua paladeó la pizza y la ensalada como si realmente fura la primera vez que comía algo en dos mil años.Incluso se mostró entusiasmado con el vino: - ¡Cuánto lo he echado de menos! Al carpintero le fue entrando lentamente algo así como alegría de vivir.Charlamos cada vez más animados y yo le  expliqué:     De pequeña me gustaban las barbas. ¡Yo también quería tener barba! Joshua se echo a reír de nuevo. ¿ Y sabes qué me contestó mi madre? - pregunté.     -Cuéntamelo- me pidió de buen humor. Dijo: las barbas son un cementerio para restos de comida. Joshua soltó entonces  una carcajada; por lo visto, conocía el problema.     Fue una carcajada fantástica. Tan afectuosa, tan abierta. Hacía una eternidad que no me reía- constató Joshua. Se quedó pensando en algo y luego, desde  lo más profundo del alma dijo: Reír es lo que más he echado de menos. Y yo nunca me había alegrado tanto de hacer reír a alguien. Sí, aquel hombre era raro,extraño,poco común ... Pero, en verdad os digo verdaderamente fascinante, increíble el príncipe que toda mujer sueña...Quería saber más cosas de Joshua y decidí llevar la cita a la siguiente fase.En la que se tantea si el otro tiene novia. Y, si no es el caso,si hay por ahí una ex a la que todavía llora.-¿Quién te hacía reír antes?-pregunté.     Una mujer maravillosa-respondió,     Lo de que hubiera una mujer maravillosa en su vida me fastidio más de lo que debería haberme fastidiado. -¿Qué...qué ha sido de ella?- Murió.  ¡Oh,vaya! Si hubiera querido algo de él (lo cual,naturalmente, no era el caso,pero podría ser que algún día lo fuera),me daría de narices contra una muerta.Eso sería muy desagradable,y no sólo por el olor a  putrefacción. Por lo tanto, decidí no querer nunca nada de Joshua. Pero entonces vi su mirada triste, olvidé lo de "nunca querer nada" y estuve a punto de estrecharlo entre mis brazos para consolarlo. Daba la impresión de que no lo habían abrazado muy a menudo.      -Se llamaba como tú- explico Joshua con la mirada llena de melancolía.-¿Holzmann?- pregunté sorprendida.-No María. Dios mío,¡Seré tonta! -María tenía mucha gracia burlándose de los rabinos- elogió. -¿Rabinos?-balbuceé confusa. Y de los romanos.¿¡¿Romanos?!? Y los fariseos.     Vale,me dije y procuré pensar en tornillos suelos.     -Aunque no había que burlarse de los fariseos.-concluyó Joshua.     -Sí...No...,claro que no- respondí balbuceando-, los fariseos...no tienen gracia.    Joshua miró hacia el lago, seguramente estaría pensando en su ex, luego dijo:  - Pronto volveré a verla.Una afirmación un poco morbosa.Cuando el reino de los cielos se erija en la Tierra -completo Joshua. ¿Reino de los cielos? En mi cerebro saltó la alarma roja.El capitán Kirk estaba sentado en el puente de mando, situado en la parte anterior del cerebro, y  gritó por el intercomunicador:     -¡Scotty!¡Tenemos que largarnos!¡Sácanos de aquí ahora mismo!         Scotty contestó desde la sala de máquinas, situada en el cerebelo: -Imposible,capitán.-¿Por qué? - Todavía no hemos pagado la pizza.-¿Cuánto tardará Giovanni en traer la cuenta?- rugió Kirk, ahogando con su voz la alarma, que cada vez aullaba con más fuerza. - Al menos diez minutos.Ocho si gritamos " deprisa,deprisa, rápido,por favor, queremos pagar"- fue la repuesta que llegó de la sala de máquinas.     -No tenemos ocho minutos¡ nos está explicando no sé qué el reino de los cielos!.      -Entonces estamos perdidos,capitán.
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