Después del beso me quedé como atontada. Joshua también. Estuvimos un buen rato mirando fijamente el lago. Ya no éramos Marie y el Mesías. Eramos simplemente dos treintañeros confundidos. -Perdona,perdona, no ha sido una buena idea por mi parte-balbuceé finalmente. -Una idea disparatada- confirmó él con voz insegura. -La idea más disparatada del mundo- añadí por mi parte. -No, ésa fue la ocurrencia de Pedro de que él también podía caminar sobre las aguas.-Joshua esbozó una sonrisa. Sí, sonrió.Levemente, pero sonrió.¿No estaba enfadado conmigo? -¿No estás enfadado conmigo? Titubeó un poco y luego dijo: -No,no lo estoy. ¡No lo estaba! ¿Qué significaba eso? ¿Le había gustado el beso? ¿Quería más?¡Yo sí quería más!Pero¿debía desafiar m

